2.9.11

Mundo abisal.(La gente está calmada.)

Dos perros muertos avistados en el mismo día. En un barranco, postrados. Gran festín para unos que dura poco según su tiempo. La piel contra los huesos, se fue la sangre ya. Hormigas, tierra, ojos vacíos en un espacio sideral. Avistamiento de la tierra desde Júpiter. Qué hay más sideral que eso. Una nave camino a los anillos de Júpiter. Júpiter no tiene anillos es sólo una mancha. Tal vez descubramos que sí los tiene. Probablemente los tiene. En mi telescopio los tenía. No, es sólo una nebulosa circundante de color marrón. Sólo es Júpiter, tio. Y las bacterias que siguen carcomiéndoselo todo, como a los perros. Gran festín, somos un gran festín para otros. Y el cielo hoy sigue claro y frío, por más que te laves sigues sucio. Por dentro no limpia el agua ese saco al que arrojamos todo. Cualquier cosa vale y lo llevamos dentro como a un hijo. Cíclico, como el sueño. Nunca cambiar la funda de la almohada, debajo aún guardo cosas. Busco las gafas bajo la almohada para ir a peinarme. Tres peines, depende del día, todo es cambiante, la cara, los ojos, depende de haber dormido. Y las manos grandes, manchadas, imposible limpiarlas del todo. Para qué calzarse si los pies estarán negros esta noche.
Los olores que suben por el patio, canta un vecino, casi tan fuerte como los olores de la ropa tendida que acuden a la llamada del teléfono. No contestan, no contestas. Se han equivocado, quieren venderme algo o no se atreven a decir el qué. Humea la cafetera. Cuando el café hierve no sabe igual, es mejor que salga poco a poco jugando con los mandos. Aparece el primer borbotón de café, entonces, apagas el fuego. Recortar un par de botellas. Creo que servirán. Hielo, sigo sin hielo, maldición. El pelo, maldición. Las llaves, maldición, el pantalón roto, maldición. ·Bandit· pintado en la pared, eso es por mi. Sí, es por mi. ¿Quién es Bandit? Deben preguntárselo al verlo. Bandit, quién será. Nació en la mente de alguien. Esa mente ya no tintinea. Sí, sí, lo sé, las estrellas tintinean y los planetas no. Qué estará haciendo. Luces, bares, sí eso es lo que está haciendo. Otros cuerpos, gintonics, cigarrillos. Más gintonics, más cigarrillos.
La pleamar, no conozco el significado. Sé que hay criaturas, peces pequeños y ermitaños y calma, mucha calma, la gente está calmada.

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27.8.11

Bye bye love.

No hay razón para pensar que estábamos equivocados.
La noche en que muera será una mañana con tu rostro.

1.7.11

Eres un buen momento para morirme.

Otra vez ha llegado hasta mi
la gran tristeza.
Cuando no haya nadie
de quien despedirse,
no habrá ausencia.
Los milagros existen,
pero se dan sólo una vez.

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13.6.11

Alf.

Discúlpame Juan Pablo, releí esto y pensé que merecía estar aquí y ahora.

-Es tarde, ¿dónde estás?
-No lo sé, no soy capaz de encontrar el coche.
-¿Estás llorando?
-Sí.
-No te preocupes, ahora mismo voy a buscarte.
-Tengo frío.
-¿Pero dónde estás?
-Cerca de la facultad.
-No te muevas Alf, ahora voy.
-No puedo dejar de llorar.
-Tranquilo precioso, estoy saliendo por la puerta.

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30.5.11

Pensando en la muerte más de lo necesario.

Pensando en la muerte más de lo necesario Juan Pablo se ducha para incrementar su asco. No hay agua que lo limpie por dentro, ni alimento que le satisfaga en el desayuno. Sus necesidades se agolpan como planetas intentando caber en un hoyo de golf. Mira el teléfono con aburrimiento, se afeita igual que ayer, piensa en hacer algo con su pelo y dejar de fumar definitivamente. Le molesta que el agua fría le toque la cara y aborrece la poca presión, como de un mundo que bombea a dos por hora, a punto de detenerse como un corazón enfermo. Cierra la puerta planteando las segundas y las terceras opciones posibles. La primera opción le es denegada desde hace mucho tiempo. Pierde su tren que se aleja insultándolo hasta llegar a convencerse de que debería volver a casa. Y tan convencido está, que decide no regresar, sólo por aumentar la desdicha de un día complicado. Mirando al suelo que brilla, para no caerse, es succionado por el vacío de la gran masa diligente que le golpea los hombros y él no sabe dónde poner las manos. Llega al ensayo demasiado pronto, como buen neurótico, y se sabe su texto de pe a pa. Para él, actuar es un trabajo mecánico. Los demás actores se besan en la boca, especialmente la mujer que no tendrá y el hombre que quiso ser.

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No french farewell.

La abstinencia
te aplasta
contra un suelo vacío.
Lo provisional no miente.
El público ignora
lo que hay detrás
de la máscara.
La salida no suele estar
debajo de la flecha roja.
La rima no siempre es evidente.
El polvo entra por la nariz.
Tus venas no siempre se hinchan
por la sangre que las riega.
Los ojos están envueltos en papel.
La risa es mentirosa.
No se contagia la alegría.
La guerra no es contigo.
Los asientos reservados
los ocupan siempre idiotas.
Sólo te aplaude a quien no importas.

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23.5.11

Philip Larkin and I.

Conocí a muchos como tú
huían hacia ese lugar
hablaban de amor
y tranquilidad.
Es una forma de estar
que nosotros denigramos
en este otro establo
de vuestra libertad.

Pacemos caballos invocados
y anillados. Sin espera,
la tranquilidad no existe.
Ya habéis logrado
que nuestro corazón
no sea entregado.
Sólo vive la fúria
en el verde hirviente
de nuestros cascos herrados.

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15.5.11

Bailad, malditos.

Juan Pablo estimó que había razones ocultas para aquello, para todo, y que sentía imposible descifrar el drama que habitaba en todos los seres humanos. La forma del pecado es... es el amor aún cuando el amor no tenga forma. Adquiere su forma en la cobardía, la pena y la mentira. No es finto el amor y concluye, ¿por qué ha de durar tan poco? Él se atreve, Juan Pablo se atreve, es un pirata abordando barcos, uno tras otros, viajando de bruma en bruma. Que se acabe, que se acabe, desatadme, dejadle caer al mar tras el canto de las sirenas. "Fragilidad, tu nombre es mujer."
Llegué para disparar primero, para correr y saltar más que los demás, dominar más tiempo, competir con raza y aniquilar rivales, pero no importa ser mejor cuando las reglas las dictan otros. Los que son más lentos, los que se niegan a evolucionar. La historia en realidad, la escriben los perdedores. Todos caminan hacia atrás pero eso no importa mientras tengan la espalda bien ergida y la cabeza bien alta. Tienen aquello, una manera de estar privilegiada, de arraigo en la masa y sus costumbres. Bailad, malditos.

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14.5.11

El Antimártir.

El antimártir solía jugar al escondite, pateaba la botella mientras los demás corrían a sus escondrijos. Siempre había alguno que corría ante el despiste para patearla y que todo volviera a empezar. Esa tarde el antimártir corrió y corrió pero no pudo evitar que el niño la golpeara lanzándola por los aires en unos segundos que resultaron minutos. Ambos estaban de pie observándola dar vueltas por los aires. Comprimió las labios y vaciló, miró al suelo, bajó los brazos y se fue a casa. Golpear el tablero y olvidarse de todo, volver a abrir y cerrar la puerta, con las rodillas ensangrentadas, los pantalones rotos y la cara llena de mierda.

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Alas de manflorita.

Y tuve una esperanza mística, un encuentro con el vacío más absoluto, parecía el cielo tal y como nos lo describen en los films. Una sensación fuerte. Noción y experimentación del vacío, de la nada. Nada en ninguna parte. Y el olor del desierto, es especial. Muy especial. Un mar blanco de nada. Nada de nada. Daba tanto miedo que enseguida subimos a la guagua por el temor de que nuestros bordes se evaporaran y cayeran nuestros órganos al suelo y perdiéramos la percepción de nosotros mismos.

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2.5.11

Jorge.

Ya no camino solo
por los lagares,
soy capaz de escuchar
hablar a los árboles.
De la noche nacen manos,
siempre.

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30.4.11

Mamá.

Me impresiona cómo mi madre es capaz de saber qué está pasando sólo con oir mi voz. Llevaba unos días evitando la llamada para no tener que contarle. No hizo falta, nada más descolgar, me preguntó ella. Ahora cuando me llama intento poner la mejor de mis sonrisas teléfonicas, pero cuando estoy mal, lo sabe. Nunca hemos estado demasiado unidos y sin duda nos llevamos mejor cuando estamos lejos, pero a pesar de todo, la quiero mucho y nunca se lo he dicho. Ella a mi tampoco, aunque lo ha demostrado. No se enseña a ser madre y ella también pasó lo suyo. El momento en que estuvimos más unidos fue cuando ella estaba en el hospital ingresada, recién operada de un cáncer de mama que superó y en tratamiento. Yo tenía desde hacía dos años ya, eso que llaman transtorno de ansiedad generalizado y no pude ir a la operación ni a verla durante las dos semanas que estuvo ingresada. Tampoco pude ir a ver a mi amado abuelo al hospital cuando le sucedió una embolia, pero ese es otro tema. La llamaba varias veces al día, y yo, que no soy creyente recé todas las noches para que no le pasara nada. Limpiaba la casa, les hacía de comer a mi padre y a mi hermano y me sentí huérfano. La pérdida de los padres implica un gran sentimiento de desprotección, nunca dejamos de ser niños. La admiré mucho por su fortaleza, hablábamos durante horas, ella entendió finalmente mi enfermedad y lloramos al teléfono, nunca estuvimos tan cerca. La fuerza que vi en ella y su amor tan contenido, me dieron alas para ir acercándome a la puerta y si hay diós, algún día, en otro tiempo, volveré a nacer de su vientre.

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Juan Pablo se quedó huérfano. Buen viaje gran maestro.



"Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté."

El túnel, Ernesto Sábato.

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7.4.11

Factores de rechazo.

Hoy he vuelto a ver embarazadas acariciándose la barbilla mientras esperaban la apertura del semáforo. He tenido la impresión de la ingerencia del verde a través de las venas propias y ajenas. Mirando en un espejo he creído que la deformidad hace crecer todos los órganos excepto los orificios auditivos y los buenos propósitos y me he reencontrado con el hombre que jamás recuerda una cara pero que eternamente recuerda mi nombre, siempre y cuando la eternidad no dure más de quince días. Ha llegado la primavera y todas estas cuestiones se repiten en celebrada armonía. Mi cuerpo experimenta alergia de sí mismo y siento asco al palpar mis dientes rotos con la lengua. Observo un pelo bonito y creo estar enamorado de todas las muchachas a las que amé. Te dicen "pase sin llamar", entonces llamas. He descartado la posibilidad de transplantarme por miedo al rechazo. Las formas volumétricas sólo se observan desde cierta distancia...

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9.3.11

La inexistencia del autoengaño.

Aún así despierto a la luz
insoslayable y repetida
de la mañana casi mediodía
detrás de una noche mojada
y fría, acompañado.
Aún así, acierto a tocar
y remiendo con mis manos
el albur de mi apariencia
con nudos, lazos y camisas
que deshacen lo desnudo
y comprimen la esencia de lo vivo.
Aún así, no haber dejado
de aspirar el vacío
que deja cada día la vida
en un oscuro tejado,
y convertir la bilis en sangre,
recuerda el viejo sueño
de la muerte imparable.
Aún así, hay nubes que saludan,
pájaros que invaden mi balcón,
ajos que sonríen verdes
en postura de exclusión,
como si quisieran mostrar
el otro lado del verano,
ese que nos empeñamos
siempre en obviar.
Aún así y a pesar de todo
tengo los sentidos
libres, sabios y consentidos
y les permito que destrocen
mis tripas. Aún así
el autoengaño no existe
sin mí.

18.2.11

Celebración.

En tu casa hay un piano colgando del techo, sujeto por un fino hilo de nylon a punto de romperse. Te pones debajo de él para mirar la etiqueta que pende de una cuerdecita y lees en el anverso: "Mañana será otro día". Y tú debajo, el piano a punto de caer y le das la vuelta a la etiqueta para leer: "Pero tú serás el mismo", y entonces te cae el piano encima con toda la fuerza de su peso, de la ley de la gravedad y de lo grave que es en si misma la caída y piensas que hay que celebrar que todo lo que te pasa a ti le pasó antes a otro.

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17.2.11

Debilidades.

Hay quien hace de la debilidad su fuerza y hay quien que se hace fuerte en la debilidad del otro.

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12.2.11

Fiu, fiu, fiu, fiu, fiuuuuu.

"Que bajen tus labios y me callen..."
Y bajaron sus labios y me callaron.
Lo encajé, por supuesto, con alegría.

11.2.11

Ruidos.

Ayer escuché claramente una gallina cacareando en mi casa. Y vi una bola de fuego azul como un cometa que trataba de escapar y buscaba puertas o ventanas. Yo dormía en la pared, colgado, enmarcado y con barba. Me hice espectador de mí mismo y traté que ningún ruido sobrepasara los límites de mi marco. Las plantas crecían en el alféizar (bonita palabra), con muy poco vigor, pero mucho verdor. Narcotizado y con amor conseguía el desafecto. Y luchaba, luchaba, luchaba.

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9.2.11

Cobardía y saldos.

Estoy seguro de que lo que hay en el buzón no es tan importante y puede esperar hasta la tarde, hasta mañana o quizás no lo abra nunca. Espero al ascensor arrepentido porque en todo este rato podría haberlo abierto y sacado la correspondencia. Si tuviera fuerzas para ir a pagar el agua lo haría, sin duda. Abro la puerta y veo allí la lámpara, recuerdo cuando fui al rastro con lo poco que tenía y lo menos que necesitaba una luz en casa. La compré a pesar de su mal estado y de su fealdad. Poco a poco le fui creando un espacio, la limpié, la adecenté, cambié el enchufe y me sentaba a mirarla encendida con su lucecita roja la lado de la tele apagada. Pensé incluso en redecorar la casa alrededor de ella. Quitar el resto de las luces y que sólo ella me alumbrara. Tuve que acostumbrarme a su estética pues no encajaba con los muebles ni con el resto de lámparas, ni con nada. Cuando lo hube hecho mi vista se perdía en su luz y en la de los otros cachibaches que fueron llenando mis entrañas. Bueno, pues la lámpara ha dejado de alumbrar, le han crecido piernitas y no habla más que de le largarse y ¿después? Tendré que seguir respirando en esta casa que se me derrumba encima como un piano cayendo desde la luna a la tierra. Cobardes...

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22.11.10

Navidad.

Tiemblan cientos de noches
amarillas, rojas, pinceladas.
Apaciguan tus manos guantes de lana
con la tela de un abrazo flotante.
Sueles decirte que la magia
camina entre edificios armados
amarillos, rojos, resueltos.
Contienes el agua como en los ojos,
aplaudes, cómo no,
cualquier forma de fracaso.
En armarios sin honra
se debaten grandes cosas,
el amor, la muerte y las sombras.
Imágenes duras (aparentemente),
formando con alegría invernal
un árbol de mentiras y apaños
que parirá regalos dorados,
como siempre, el 25 de diciembre.

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21.11.10

Naranjas en Manifiesto.

9.7.10

Tú.

Había panza de burro el día en que las putas se hicieron dueñas del humo en el Bar Mónaco. Todos los vientos traían tu olor desde la playa hasta los soportales. En cada esquina te acariciaba simplemente dejándome tocar por el viento. Sin conocerte apenas, puedo desgranar tu piel que estalla en mi boca como si fuera zumo de naranja. Si la tragedia fue verde, la busqué en tus ojos de madera que me devolvieron calma. Esta semana, tan extraña como tú de tu hermosura, me he alejado del mar y he pisado la ciénaga. Sólo tú puedes ya dejarlos ir en el globo.

4.7.10

El imbécil.

Siempre hay un imbécil que se ha despertado más temprano que tú.

2.7.10

Lo que Sócrates no dijo.

Sócrates no dijo, conoce a tu madre, conoce a tu prójimo, cónoce a tu perro, conoce tu barrio. Sócrates dijo, conócete a ti mismo y lo conocerás todo.

30.6.10

A la hoguera!

Menos Che Guevara y más Bukowsky.

22.6.10

Recordando a Kundera.

- Juan Pablo.
- Dime.
- ¿Recuerdas La Ignorancia de Kundera?
- No, te recuerdo a vos ignorando a Kundera.

17.6.10

Justícia poética.

No nos define lo que tenemos sino lo que perdimos.

8.6.10

Espinacas.

Ladydrama retrocedió un paso atrás colgándole del brazo una espinaca, proyectando una forma inerte espigada y sombra en la sombra de ella. De su bolso asomaba la mano de un arlequín de trapo y ella se agarraba a las asas con fuerza a pesar de la nocturnidad de la escena. No había robo posible, el arlequín agonizaba adentro mientras Juan Pablo recobraba la respiración más audaz. A él le perpetraban el sol y las ganas de apartar la mirada. -Eres cobarde- le repitió. Como dos pistoleros en duelo Juan Pablo blandía un plátano y Ladyrama unas tijeras. -No quiero sangre, agárrate a tu muñeco de trapo, elige las vidas comunes, ya no te haré más puré de calabazas-. Y así los cobardes ignoran la valentía del que se humilla por una sóla verdad. Arriba la belleza, debajo la coherencia y en el fondo, en el último peldaño a donde van a parar los pianos rotos, allí estás tú por los siglos de los siglos, amén.

9.5.10

Oui.

Comme l'enfant que vous
laissez libre dans le parc,
comme le chien que vous
enseignez de dire "non".
Comme le ballon que vous
laissez échapper
tandis que je le regarde
par la fenêtre.
Comme un alligator qui
est séché au soleil,
c'est ainsi que le destin
dit parfois "oui".

5.5.10

Decías es fácil y solías empezar.

Vivíamos en una ciudad en la que sólo valdría la pena que le pusieran tu nombre a un par de calles. En el resto lo que más valdría la pena sería morir acuchillado o ahogado por tu propio vómito en alguna esquina mientras una prostituta sostiene tu frente y trata de pedir ayuda a gritos más bien guturales y masculinos. La noche es negra y miras a la prostituta mientras todo te da vueltas suplicando que se acabe este frío o que todo deje de girar, incluso que ella se calle.
No encontraba trabajo de ninguna de las maneras y las escaleras eran mi reino. Al despertar ella había partido y sentía la molestia de los rayos del sol entrando por la ventana en el piso de arriba. Aunque no se lo dije nunca, la veia siempre vestirse y marchar, se perfumaba en el baño y entonces entraba en la habitación y su olor en mi estado de sueño desvelado, me hacía flotar en una felicidad permanente. Con un ojo medio abierto esperaba su beso de despedida. Sí, lo reconozco era feliz a pesar del sentimiento de culpa, de mi inutilidad y el poco dinero que me quedaba en la cuenta y algunas multas por pagar.
Por aquel entonces mi único objetivo era hacerle de comer, me pasaba lo poco que tenía de mañana y de vida pelando patatas y cortando cebollas para ella y lo único que podía partirme en pedazos era que no tuviera un gesto de complacencia con lo que había preparado. Pasta con setas, arroz de todas la maneras, pero lo que menos soportaba es que se lo comiera frío. Y no era por mi, era por ella, era todo lo que podía darle y lo hacía lo mejor que podía. Cuando no le había gustado, y yo sabía bien cuando era eso, me quedaba la tarde sentado en el sofá pintándole un cuadro o haciendo una foto de la que pudiera sentirse orgullosa. Tanto querer para morir en la orilla.

23.4.10

"Gandhi era un farsante".

¿Qué faltas suyas le suponen mayor indulgencia?
Durante buena parte de mi vida me comí a los animales: a las vacas, a los cerdos, a los pollos, a los peces... Y esa infamia mía no tiene perdón del cielo, me siento un criminal. Sólo en estos últimos años me he podido quitar de los ojos la venda moral que me puso el cristianismo y he logrado ver a esos animales que te digo como mi prójimo. Que es lo que no alcanzó a ver el loquito de Galilea.

¿Hay alguna esperanza de cambio para el hombre?
El hombre es un animal confuso, de mente cambiante y caótica que le hace creer que es la gran cosa pero no, es un pobre simio atropellador y mentiroso. El ser humano es una basura, un asco. Que se acabe.

¿Cuál es el peor enemigo de la democracia?
La democracia es una alcahueta del delito, prefiero la tiranía.

Fernando Vallejo, Diario Público.

19.4.10

Bancarrota moral.

"La acusación formal de fraude que el regulador estadounidense ha lanzado sobre Goldman Sachs por vender derivados de las hipotecas subprime diseñados para enriquecer a terceros ha dejado al descubierto la desvergüenza de algunas prácticas del sector financiero. Pero, también, ha abierto la puerta para que otros países como Alemania o Reino Unido se planteen investigar ellos mismos las actividades del banco de inversión, al que acusan de bancarrota moral.

EL PAÍS | AGENCIAS 19/04/2010

16.4.10

El futuro en sus manos.

8.3.10

Hecatombe.

Hoy ha dejado de respirar el buey número 58, espero que los dioses valoren mis esfuerzos por seguir creyendo.

3.3.10

The lady vanished.

Y siempre el movimiento detrás de la idea.

Temporal.

Un árbol muy caído
sin más verdor aparente
que el de la propia sangre
aupándose desde la raíz
a la nada.
Un código inacabable
para la supervivencia.
Aunque no le sirva
ni a la tierra.
Ni siquiera dios se detendría
a observar el fervor infinito
de un ser tan miserable
mitad héroe, mitad trampa,
que no cobijó ni a la araña.

25.1.10

En la pizarra.

La tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá
la tristeza vencerá,

...y la tristeza venció.

23.12.09

Será.

-Juan Pablo, tu padre ha muerto.
-¿Tengo qué ir? Hace frío y llueve, quiero quedarme en casa.
-Ya sabes, están todos aqui. Nadie sabe nada, ven.

Así que mi padre ha muerto. Era de esperar no se cuidaba nada. Lloraré, sí lloraré eso les hará ilusión a todos.

Hay algunos majaderos que no respetan nada.-Siento haber tenido un ataque de risa en el entierro de tu padre.-
No importa que seas de la família, un día morirás tú también y no pienso reirme porque eres imbécil.
Gracias, ¿está todo? ¿Puedo irme a casa?

Y sí, me marché para casa, quién quiere quedarse a los canapés de siemprelomismo. Ahí está el error, hubiera dado mi vida por no tener que volver. O no, peor, ¿es que no la estoy dando ya?

Tres años después aún me duran las pesadillas. Vaya, por qué tuvo que morirse, así sin decir nada. Papá baja y resuelve este entuerto, alguna vez me ayudaste. ¿Sabrías hacerlo ahora? ¿Qué sabías hacer? No sabemos qué sabías hacer, está vacío el inventario.

Tres gatos tres me recuerdan que estuve muerto. Dos palabras me recuerdan que estoy vivo. Eso está bien, puedo seguir matándome todo el tiempo que esté vivo.


No dejo de comprarme chaquetas que no me sirven. No encuentro cosas de las que enamorarme. Quiero estar enfermo.

3.12.09

The lady vanishes.

Y siempre la idea anteponiéndose al movimiento.

24.11.09

Pasado.

A ti te debo todo lo que no soy,
vienes y vas como un mar ingenuo
temeroso de acariciar mi orilla.
Tinta azul emborronada
restallando contra mis rocas.
Moldeas mi porvenir
sin importarte mis delirios.
Sombrillas rotas
en los días sagrados,
mar de fondo
cuando quise ser feliz.
Será por eso que te quiero
reflejando el blanco invierno,
espejo salado de mi vida gris.

16.11.09

El Antimártir.

Hemos heredado la muerte de un sapo. Nos ha sido revelada de manera sutil. El sapo ya no es verde, ni palpita ni es consciente de su pérdida. Claro, ¿cómo iba a darse cuenta? Pero sucede que las cosas suceden unas a otras indefectibles, sean conocidas o no, hasta que en un tiempo determinado estallan en las pupilas de un tercero y parece que entonces es como si no hubieran sucedido. Pero sí. Tampoco la importancia da estatus de realidad. Finalmente el sapo existió, es cierto. Y como nos es conocida su muerte, estamos tristes y atravesamos largos túneles de desamparo y tratamos de encontrar palabras que nos salven y hasta escribirlas. Pero todo es en vano. Cómo parar la envidia de su suerte. Mi sapo ha muerto y yo con él.

22.10.09

Soledad.

No hice caso de quien me dijo que era mas hermoso enfrentarse al viento y su amor de secador de pelo a todo trapo se convertía así también en empujón. Y aqui llueve y a mi no me parece mal, porque la lluvia exige resguardo y ahí sí que me siento bien. Ahora están de pié, todos en fila en algun rompeolas sin temporal aparente. Y yo aquí en medio de la desbandada general sin saber qué pasa. Desbandada de los vívidos habitantes de la memoria que pasean arriba y abajo en bata de hospital.

11.9.09

Mil cuerpos de telaraña.

Santos descalzos en procesión
renuevan el aire de este pueblo.
Entre el griterío de la gente
un angel bajó para darme un traje.
Es el traje del pájaro negro
que sienta tan bien al yo saliente,
mientras tu vestido de raso verde
desfilaba hacia el balcón abierto
y bailaban así nuestros ropajes
en ausencia de los cuerpos dormidos,
mil cuerpos de telaraña.

Entre tu luz y mis ojos permanecerá la vida
asentada en caudales de porquería.

1.9.09

Mi torre poco práctica.

Permanezco quieto,
sigo inmóvil ante tus vidas
anteponiendo tus brazos a mis ojos.
Salgo reforzado de tu aliento
destilado, disfrazado de cruz errática.
Deseando hacerte ver
que mi deseo es un "te quiero".
Álgido bastión
de mi torre poco práctica
creo que el milagro de la vida
tiene que ver contigo pero
no siempre que uno cree
que tiene algo que decir
sabe cómo hacerlo.

31.8.09

Mientras agonizo.

Te esperaba desde mi sillita. Se trataba de ver como caminabas sobre el aire del final del verano. Tenías que tener cuidado, el aire se hace más ligero y puedes caer y hundirte para siempre. Atravesabas edificios, pasabas por encima de las personas que andaban como hormiguitas. Y yo te tensaba la cuerda y tu reías. Era agradable verte recortada en los edificios de enfrente, amarillos y anaranjados. Desviaba a ratos la visión para observar el movimiento de las copas, de unos árboles tan prisioneros como las conversaciones fútiles de los transeúntes. Empezaban a encenderse las farolas y los vecinos prendían sus escaparates. Había desconcierto en la casa de las muchachas alegres. Un negro sin camisa tecleaba en su ordenador portátil hablando con sus familiares en vete a saber qué rincón remoto del planeta. En casa de las muchachas alegres la chica morena barría y ordenaba. Ayer la vi llorar en el balcón y las otras se sentaron a su alrededor para consolarla. Y tú haciendo equilibrios para no caerte, un pie y después el otro y sonreirme, no parabas de sonreirme. Tenias la camiseta mojada por el sudor y se había pegado a tu pecho y a tu barriga. Tu pelo amarillento de paja fina se movía acompasado y tus manos a veces en garra, a veces estiradas, te conferían una postura de bailarina postmoderna. Ella es así y yo de esta otra manera, se podía pensar. Le gusta el suspense y yo prefiero observar.

30.8.09

Tálamo.

Tierna se queda la noche
cuando sueltas la mano del niño
para apagar tus ojos.

Ese niño encontrado vaga
en la plata de la luna ausente.
Siente el hueco de su mirada,
negro el cometa al pasar.

Clava sus rodillas en el barro
que huele a pino y albahaca.
Reciente es la herida del lobo
la sangre le grita en corro
¡no la dejes pasar!

Ahora sin remedio el niño perdido
tomará su mano descalza,
llenan la boca de tierra tus besos.
Revienta, espina de la noche nueva.

27.8.09

No preguntaban.

¿Alguien sabe lo que es que te impongan una enfermedad? Aquella monstruosa descripción de patologías no era más que un catálogo de diferencias, tratadas desde un miedo atroz, cruel y alienante. De repente me empujaron a un agujero sombrío, profundo y largo, por el que caía observando las caras de aquellos carniceros embatados de blanco al borde del precipicio. Mirándome caer inquisitivamente, reafirmándose.
-Si le vemos caer es que se ha tirado.
-¡No! ¡Me habéis empujado! ¡Yo no he hecho nada! ¡Me habéis empujado! Quiero subir.¡Yo no pertenezco a este mundo!
Nadie le pertenecía. Ese mundo no existe, es sólo una jaula, un planeta despersonalizador a donde desterrar la diferencia. Solo eran eso, eran diferentes, nada más. Todos padecíamos una reacción alérgica, a la competitividad, eran tiempos grises, de heroína y alcoholismo en las calles. De coches de más de quince años, de austeridad económica y social. De profundo odio familiar nido de incompresión. ¿Y quién era capaz de soportar esa realidad? Y sin embargo nuestra poesía, las ganas de restallar la moral, la pura evangelización del hombre, la imposición de sus costumbres nos desgarraban. Aún sin dientes. Sin ganas de morder a nadie, en carne viva: diagnósticos, tiempo y sedantes. Jamás lo entenderéis. Está en la mirada. Y poco a poco aquellas gentes que no nacieron del suelo se iban vegetalizando a fuerza de campiña. Ya se hacía miedo la impresión de que tal vez podrás hacerle un gesto a alguien (tú me sabes). Sin embargo ese “tú me sabes” a menudo era respondido con un grito desfigurado y caer de rodillas y retorcer el plano. La invasión de los ultracuerpos con Donald Sutherland. Jamás lo entenderéis.

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25.8.09

Pasado.

A ti te debo lo que no soy,
vienes y vas como un mar ingénuo
temeroso de acariciar mi orilla.
Cada vez que rompes contra mí
te llevas algo.
Sólo muy pocas veces recibo notícias
papeles mojados, tinta azul borrosa
letra pequeña, casi ininteligible
dentro de botellas
que estallan contra las rocas
clavándo todos esos cristales en mi carne.
Tanto dolor me hace llorar
pero me abrazo para sentir más fuerte,
para sentirme superhéroe de nuevo.
Pero no está, te lo llevaste y yo
muero.

16.8.09

Icterícia.

Juan Pablo ya casi no recuerda cuándo fue que tenía las venas hinchadas, sobre todo las de los brazos y las piernas y también las del estómago. Era una sensación muy desagradable pues cada vez que estiraba un brazo para coger el tarro del café o tender la lavadora sentía un fuerte tirón muy doloroso. Y no sólo era eso, su cerebro tendía a la sinestesia y se mezclaba el dolor con otras sensaciones, como el sonido de una tiza resbalando por la pizarra o el olor de un hamster pudriéndose en su nido. También algunos quisieron hacerle ver que tenia los ojos amarillos, y que esto era sin duda síntoma de alguna enfermedad. Por aquel entonces la ginebra campaba por sus conductos sanguíneos y él se defendía diciendo: "Peor es el agua, que sino la tienes, te mueres." Así pues se fue alejando de aquellos miserables, que sin duda no podían entender sus altos pensamientos. Tan sólo eligió a un amigo, para aliviar de vez en cuando la soledad cuando ésta se hacía insoportable: Juan el relojero. Era un chico muy paciente, blanco como la leche, sentado todo el día en su taller a la espera de un reloj que no reparar, puesto que él no estaba allí por voluntad propia, sino que yacía en aquella sillita por tradición familiar. Tardaba semanas en dar su veredicto: "No tiene arreglo señora, tendrá que comprarse otro." A Juan Pablo le hacía mucha gracia ver aquellos sobres de papel marrón debajo del mostrador, visibles a través del cristal. Contenían restos de relojes, esferas y piezas sueltas:
- Para qué molestarme en remontarlos, nunca se las llevan. Juan Pablo, yo no soy un especialista.
- ¿Puedo llevarme algunos? Me interesan sobre todo los que tienen el cristal gordo y las esferas azules, apuesto a que puedo hacerlos funcionar.
- Claro llévatelos, los relojes muertos no tienen quien les vele, adelante, sé que disfrutarás con eso. Estás loco.
Juan Pablo era escultor tenía los estantes llenos de artilugios herrumbrosos y maquinarias obsoletas que se movian empujadas por agua. Le encantaban las fuentes enchufables, ahora se habían puesto de moda, las llamaban zen. Entrar en esas tienditas de techo bajo, olor a barniz y alfombras persas era un placer extremo para él, jardines zen y fuentes de agua. Él pensaba que toda la verdad del universo estaba contenida en cada una de las formas que tomaban las gotas.
"Agua descendente, cómo sus párpados...".

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13.8.09

Roto.

Mi vida es un collage de pedazos rotos surcado por una linea descendente que aún no le da sentido ni lo justifica. Es un ver pasar cometas sentado en una silla de camping a la intemperie. Es un empeñarse en encajar en puzzles que no hablan de mí.

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5.8.09

I'm a hero. (I)

2.8.09

Hospital.

Vi marcharse a mi sangre, esperando ahogarme en ella y recibí a cambio un despertar colgado de un techo blanco de hospital. Una madre sollozante y un hermano distraido y preocupado. Enchufado a tres catéteres, clavado en una cruz. Entre la indefensión, la rabia, el dolor físico y la propia ineptitud. Y de repente un sentimiento de gratitud enorme, que me inunda todo el cuerpo, por ver al doctor y oirle hablarme con ternura. Una ternura que nunca nadie más tuvo. Y de repente se me antoja que se han equivocado con los catétres y el suero es llanto, porque mis ojos lloran sangre y mis muñecas están encharcadas de lágrimas.

29.7.09

Ser.

Siempre pasaba lo mismo. Nos hacía los aparejos y los dejábamos caer al mar. Nos amenazaba con no anudarnos de nuevo los anzuelos, pero transigía y nos daba más plomos que volvíamos a dejar caer al mar. Y asi se repetía la estampa una y otra vez y el pobre no podía pescar tranquilo. Aleteábamos en el agua salpicándonos la ropa con la piernas colganderas y reíamos en alto y él nos daba la espalda negando con la cabeza, sentado hacia el otro lado, la salida al mar, la otra, que no era la nuestra. Una espalda fuerte, recia y ancha y su pelo rebelde endurecido por la sal. Meme nos advirtió sobre la apariencia de aquel viejo que vivía en la playa "dale la mano, tiene escamas, ya lo verás".
Despertar con algo clavado en la espalda, un brazo dormido, un párpado hinchado, dolor de cabeza, sin café y sin posibilidades. Andar despacio deseando correr, la rellamada, los poemas, el telefóno que nadie contesta, las tostadas, alimentar a los gatos, pensar en la fotografía, tener miedo del agua, angustiarse por cualquier cosa, estar al borde de un ataque, proferir insultos contra el cielo y los calcetines desparejados.

Migración.

Si los dos permaneciéramos de pié frente al cuadro sin mirarnos. Si apuntáramos al mismo sitio nuestros ojos a los pies. Si nos cogiéramos de la mano para leer la firma: Jean Dubuffet. Si no pudiéramos expresar nada más que el rojo y el marrón y usáramos los dedos mojados en óleo para esparcir la pintura en nuestras caras. Sin hablar de nada, sólo mancharnos la cara con los dedos, firmemente de la nariz a las mejillas, entreabriendo las bocas. Y quedaran los ojos blancos muy abiertos y especialmente grandes. Y no existiera la respiración, ni el aliento, ni los olores. Entonces una vez desterrada la pérfida albión, podríamos bailar en cubierta a la deriva y romper el espejo en esta noche sin luna.

24.7.09

N'importe quoi.

¿Qué mierda es ésta? ¿Por qué no me quedan más viajes? Cerraron las puertas de la estación del norte. En Paris. 1978. Viento y confluencia de espacios comunes. Ojos grises. Paseo marítimo sin mar. Sin más mar que el río, en ausencia de lluvia. En ausencia de pensamientos útiles. Escuchando música con el ipod rayado. Apretando las uñas contra los dedos. Encontrando placer en el dolor. Agotando la paciencia de los antepasados. El día de todos los santos son ellos los que no me vienen a ver. Están más vivos sus gusanos. El gusanaje, la estirpe podrida. Más que empujar, nos cagaron. Nos nacieron a la fuerza. ¿Quién fue el primero en nacer a la fuerza? ¿Quién empujó a quién?. ¿Fue el abuelo? ¿Fue su madre? ¿Fue uno que pasaba por allí?¿ De dónde le salió toda esa rabia? La bilis transmitida de generación en generación. ¿Empujaremos a otros?
Juego con Víctor a Aquiles y la tortuga. Intento cuadrar los semáforos, ya sabes, para no coincidir. Cuando se pone rojo me ato los cordones, tomo caminos alternativos, compro cualquier cosa, nunca quedarse rezagado, nunca salir el último. Es preferible salir siempre el segundo, sólo se despide uno de ti, puedes controlar sus distancias y te despides de todos los demás de una tacada. Una sóla sonrisa que no acumula. Un mísero gasto.

Asperezas.

Intentaba encontrar un pasado glorioso en los libros de la estantería de ascendencia sueca de Eva. Era una estantería austera, rectilínea y con igualdad de espacios. Los libros vistos desde la cama parecían observarnos oblícuamente. Por una extraña combinación del efecto coriolis y de la ley de la gravedad no nos caían encima enterrándonos. Eva dormía a mi derecha girada hacia la salida de de la cama. De reojo veía parte de su espalda y uno de sus brazos. Estaba envuelta en la sábana, con lo que yo quedaba desnudo, avergonzado ante la mirada responsable de la literatura universal. Tenia la piel áspera y moteada con algunos puntitos rojos. Era de ese tipo de mujer, con una piel no tan agradable al tacto, pero cálida, lo cual compesaba su aspereza. Algunas letras goteaban mojando mis pies y componiendo personajes. Unos eran viejos amigos, otros unos perfectos desconocidos. Juan Pablo con sombrero negro, Pereira secándose el sudor de la frente; Horacio sentado en un rincón clavándose tachuelas en la frente; Hamlet descompuesto queriendo saltar por la ventana, clamando venganza. El sapo y millones de moscas finales estallando en sangre desde el techo y Janet Frame haciendo sonar mis pianos.
No pudiendo resistir más el peso de la lectura pendiente, me preocupé de salir de allí lo antes posible tratando de no despertar al voluptuoso ser sin importancia que yacía en la boca de un tobogán iluminado por los primeros rayos de sol de la mañana. No me esperes, no me mires, no me hables, no quiero desayunar contigo, no eres nadie.

18.5.09

Llévame contigo.

15.5.09

Para que yo te nombre.

Para que yo te nombre
tus piernas deberán ser de madera
y de tus brazos nacerán
manzanas rojas.
Para que yo te nombre
cambiará el color de tus hojas,
se tornarán amarillas
y las dejarás caer.
Para que yo te nombre
olvidarás tus raíces
cuando el frío las haga callar.
Cuando yo te nombre
respiraré despacio al caminar
dejando atrás tu sombra,
después perderemos la esperanza
y ese será tu nombre.

Purpurina.

Y tuve fe. Hay purpurina, hay vida.
No hay purpurina. No hay vida.

3.5.09

Sombrero.

Mis pasos se tornaban en espuma y volvían a mi sombra en aquella tarde desesperada de abril. La espera se hacía incómoda en aquella habitación azul llena de gente gris. Los definía perfectamente aquel color, sin más. Eran todos iguales, los hombres llevaban sombrero, ellas parecían una especie aparte, acunaban bebés, miraban al techo, no sonreían nunca, ellos fumaban formando una niebla espesa anudada con fuerza, una fuerza sólo aparente, como la candidez de aquellas almas despiadadas.

Verónica ya no estaba, había encontrado su camino, decían. Ella que se iba a morir sin mi debilidad. Sin mis expectativas infundadas, sin mis cuadros coloristas, sin mis ideas ajenas, había renacido levemente. Tenía ese color rosado en las mejillas, ese que tienen todas las mujeres cuando creen que vuelven a ser felices. Cuando olvidan al tipo que no fue una leyenda. Siempre se lo decía, que fácil es ser una leyenda y que jodido es ser un mártir. Ahora otro ocupará esos espacios donde un universo de ácaros se alimentaron de mi llanto y se comerán sus uñas y sus cabellos y me olvidarán y todo será leve para ellos. Tostadora nueva, pan con mantequilla de la que a ti te gusta y aquí no ha pasado nada, tengo, tengo, tengo y que pena me da Juan Pablo, que parece una sombra y está muy arrugado.

Cuando eres capaz de tragarte esas grandes dosis de levedad te pones el sombrero y fumas viendo a tu mujer en el yeso de las paredes, y te vuelves pesado, y se te complican las sienes, y llueve, y corren gatos a cubierto y se te marchitan los párpados y te quieres dejar ir en la enfermedad y morir de pena, y parece que hasta tienes que aprender a hablar.

Hay que cambiar estos zapatos, pensé...

1.5.09

Naranjas.

Que se ensombrezcan tus manos
para que el pájaro negro vuele sobre tus horas,
que al fin todo sea negro para vos.
Que se marchiten tus párpados,
que tu piel se desvanezca
y que el viento te empuje hacia la noche.

Pero el cielo,
el cielo que no se apague
para que el viento amase tus alas,
que tu piel huela a naranjas.
Que tus párpados se enciendan,
que al fin te llenes de color
y que tus manos no dejen de guiarme.

Valiente.

Juan Pablo salió a disfrutar un cigarro a techo descubierto después de hablar con Cecilia de espejos y abrazos. Abrazas todo lo que te desintegra, dijo. Tratando de no pasar inadvertido a aquella mujer se apoyó al sol en el muro, de espaldas a la realidad. Y lo consiguió, ella se acercó a pedirle fuego, se dio la vuelta y se contoneó delante suyo levantando la cabeza para exhalar el humo que se hizo prácticamente líquido en aquel día pesado como un piano. Volvió a llamar a Cecilia:
- Sí, la abrazarás a ella también.
- ¿Estás segura?
- Completamente bobo.
- De acuerdo, sólo era eso C. Besos, ciao.
Se oyeron carcajadas al otro lado del teléfono. Echar de menos el cautiverio, mentir, ser valiente.
Un verano fue de campamento con el colegio y una de las actividades consistía en hacer rappel en un barranco, cuando estuvo al filo del precipicio atado con la cuerda y medio cuerpo colgando hacia el abismo, pidió que lo subieran. Había visto bajar por allí 22 niños antes que él, todos asfixiados por el miedo, sudando como cerdos y la imagen le había parecido patética. No es que fuera muy consciente de su belleza, pero de forma animal, igual que a una oveja, que cuando la esquilas se siente menos hermosa, tenia clara la imagen de sí mismo que no quería dar. Así que tuvo que deshacer el camino a pie, sólo entre los pinares que cubrían el desfiladero. Al llegar a la casa se encontró con la directora de la institución que lo felicitó por la valentía de haber dicho que no, de no haber pasado por el sufrimiento, ni por la fealdad del momento. Esa fue su primera noción de valentía, al día siguiente bajó por la cuerda. Valiente y valiente es dos veces valiente.

21.3.09

Nunca.

Qué pasa cuando sueñas con alguien y ese alguien duerme a tu lado y lo acabas de conocer? Ella dijo que no había estado en el sueño, lo que soñé era claro y contrario a lo que deseaba. Hice caso de mi madre, se lo conté para que no se cumpliera. Para que nunca estés perdida, para que nunca me veas por la calle y no te acuerdes de mi rostro, para que nunca vagues desnuda y ciega intentando escapar o quedarte, desorientada y somnolienta. Sé que no vas a quererme, que una tragedia se fragua en un sólo día, que tienes los ojos verdes, como las medias y la bicicleta de esa persona que odiamos. Como la bufanda y las operaciones de vesícula. Las vesículas deben ser verdes también. Pero al menos debes reconocer que acerté con la banda sonora y que supe escucharte y que mientras dormías te aferrabas a mí con cara de pocos amigos. Pero no me soltabas el brazo y lo apretabas contra tu pecho y no quise dormir porque eres el espectáculo mas bello del mundo y te acariciaba y tú hacías escorzos como los de un gato cuando le rascas la barriga. Y te conté un cuento absurdo y me preguntaste cómo se llamaba el amigo del protagonista del cuento y no supe qué responder porque no te callas nunca.

11.3.09

"Cuerpo" al azar.

Ante la imposibilidad de mantener el equilibrio lo mejor es dejarse caer por los bordillos de la vida y esperar que nos recojan, aunque sea el autobús de la basura y tal vez cuando hayamos muerto. Y si no, mantengamos la verdad en otra parte porque aqui no importa. Malevich intentó cambiar su biografia por buscar la coherencia, eso si importa, la verdad no.

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3.3.09

Malaje.

Tengo un tesoro escondido,
lo cubre una tela de polvo
lo limpia el mar desde el fondo
lo pierde de vista la noche.

La luna quisiera pescarlo
lo encuentra tu anzuelo
entre asombros.
La ostra bajó hasta el infierno,
no supo beberte despacio.

Ven a buscarme temprano
cuando la sal
se pegue a tus botas.

Me encontrarás tejiendo las redes
que han de unir nuestras sombras.

25.2.09

El túnel.

Y contrariado, Juan Pablo apenas percibió la bocanada de aire frío que le golpeó cuando las puertas se abrieron a su paso. Y siguió caminando igual de contrariado que cuando sacó aquel libro de la estantería, se dirigió a la caja, lo pagó y lo introdujo en la bolsita de triángulos negros y verdes que le dio aquella amable dependienta. Por qué aquel libro, seguía pensando, alejándose cada vez más del monstruo bulímico que ahora le vomitaba hacia su casa, con la misma prisa por devorar aquellas páginas, que las que tiene un recién nacido por empezar a llorar. Y se sintió feliz por la adquisición porque pintaba bien aquel cuaderno, pero contrariado muy contrariado. Leyó por la calle, en el autobús, mientras abría la puerta y esperaba el ascensor. Se sentó en la cama, encendió a tientas un cigarrillo a la luz tenue de la única bombilla que, a pesar de llevar allí tres meses, había tenido ánimo para colocar. Y se sorprendió en la página 59: "El manual decía que los gatos escarban en la tierra para esconder el estiércol, y que en las casas sin patio, como ésta, lo harían en las macetas de plantas, o en cualquier otro escondrijo". Y a pesar de la felicidad que le estaban produciendo las letras de Memorias de mis putas tristes, seguía contrariado porque detestaba una tras otra las prosas de García Marquez pero acumulaba más libros de él que de nadie. Y aunque Sábato diga que la miopía no se corregirá por no llevar anteojos, a veces ésta nos da un respiro y podemos ver y ser felices también, pensó Juan Pablo.

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21.2.09

Muerte.

Sigo queriendo morirme con todas mis fuerzas.

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Ambrosía.

Sólo era eso, yo ya me iba...

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Semáforos.

Parece claro que ha llegado alguien más que el viento,
a traernos un mar sonoro casi olvidado.
Parece claro que siempre hay un subnormal que se levanta temprano.
Parece claro que nada está claro.
Parece claro que hay que recuperar la mirada sensible.
Parece claro que me amo.
Parece claro que queréis buscar culpables.
Parece claro que sigo queriendo morirme con todas mis fuerzas.
Y me parece tan claro que soy feliz si la culpa de lo que me pasa es mía y sólo mía.
Quisiera cruzar los semáforos en el tiempo indicado, pero es tan poca la voluntad de mi olvido...

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27.11.08

Nuevo.

Ya no será más, lo he visto salir por la puerta. Con su maleta azul con ruedas. Maleta inútil para cuatro días. Demasiado grande para un fin de semana, muy pequeña para una estancia superior a siete noches. Y definitivamente el tamaño perfecto para cargar con la vida entera. La camiseta de la suerte, el resto cupiendo en los bolsillos llenos de caramelos. Y qué haces, lo dejas marchar, no hay nada que hacer, te vistes de negro, mañana te compras otra camisa, te afeitas, te vistes adecuadamente, no confias en poder mejorar el físico que se destruye a ritmo vertiginoso y te sientas cada vez más cerca de la puerta y más lejos del televisor y te sientes cada vez más cerca del televisor y más lejos de la puerta. Esta vez no hay globos, ni frío que se te clave en los pulmones como agujas de coser, ni malos a los que espantar, ni hombro sobre el que repartir el peso. Esta vez es muchísimo peor.

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15.9.08

Comunicación.

Jeffrey tuvo una novia que le mecanografiaba mensajes en la piel. Y él en la oscuridad de la habitación dibujaba palabras en el aire con los dedos. Un trazo azul de tinta menos invisible le dejaba ver que la amaba o que le incendiaban sus besos dorados.

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Utopía.

A las 7 en punto sonó el timbre del microondas. Jeffrey se despertó en las escaleras, había dormido muy bien y se sentía contento y lleno de energía. Al mirar por la claraboya, Brunswuick, la capital mundial oficiosa de los pianos , estaba preciosa. Mike pasó con su barquita de remos cerca de la ventana y le saludó ampliamente con la mano exhibiendo su sonrisa de malabarista. Mientras se ataba los cordones pensó que hoy sería un gran día. Puso los calcetines en la cafetera y rellenó de ambrosía hasta la marca. La metió en la lavadora y accionó el programa expréss. Después de desayunar cogió la regadera y dio de beber a las libélulas aún somnolientas que habitaban el alféizar de la ventana. De repente, y aún con sol radiante, fuera empezó a llover limonada así que rescató del desván el paraguas de cáscara de nuez. Asomó la cabeza por la puerta, vía libre, ningún elefante rosa a la vista. Caminó hasta el trabajo con regular prisa y durante el trayecto sólo tuvo un pensamiento:
-Si algún día tengo un perro, lo llamaré Utopía.-

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9.9.08

Relojes.

Marta era mi psicóloga. La encontré en las páginas amarillas, estaba cerca de casa así que un día me decidí a llamarla. Una semana después esperaba cómodamente sentado en un sofá negro de piel. Estaba en un edificio modernista del centro de Barcelona. Vestíbulo gigante, ascensor vetusto enrejado y techos descorazonadores. Demasiado vacío. Estamos acostumbrados a ignorar el cielo o a controlar visualmente los techos. Un techo muy elevado a mi me aterra, se vuelve oscuro, mal iluminado y quién sabe que criaturas lo habitan. Me abrieron la puerta sus ojos azules y su sonrisa tonta impostada, la vi alejarse mientras se dirigía a terminar con la consulta anterior. Era rubia, delgada, mayor que yo, se contoneaba grácilmente, me gustaban sus pantalones estrechos. El paciente anterior era un enfermo desagradable, creí entender que estaba en una secta y en fin, ya había oído esas historias en otros espacios aún más reducidos que aquel, así que me levanté a observar la estancia e intentar no escuchar más al pobre esquizofrénico. Al poco se despidieron y vi salir al chico vestido con traje gris y medallón al cuello. Ella se asomó a la puerta, se había quitado la chaqueta y llevaba una blusa negra muy entallada, entre sus pechos hubiera hecho falta un botón pero si no estaba era para mayor gracia de mi libido. Sus labios, en los que no había reparado antes tenían un aspecto dulce y atractivo. Le conté lo que he contado tantas veces, pero a ella no le importó mucho. Era la primera vez que un psicólogo estaba más interesado en hablarme de su vida cotidiana que en escucharme y yo no podía dejar de mirar sus labios. La estancia estaba repleta de relojes, el ventanal completamente gris con una luz tardía. Relojes de mesa, de pared, de bolsillo. Yo amo los relojes pero no se lo dije hasta la segunda consulta. Mi especialidad son los relojes de sol, me encantan los latinajos que los adornan. Les hago fotos y apunto las frases y se como sé hace un buen reloj de sol.

La semana siguiente volví a acudir a la cita puntualmente con un libro sobre relojes bajo el brazo, estaba dispuesto a llamar su atención, quería que me escuchara, quería ponerme a llorar y despertar su compasión, acurrucarme en su pecho y que me acariciara el pelo mientras veíamos pasar las horas y mi dinero. Lloré tanto que se sentó a mi lado después de ir a por un pañuelo, fue entonces cuando advirtió la presencia del libro y me habló durante un buen rato acerca de la procendencia de todos aquellos artilugios para medir el tiempo. El amor, tanta lluvia, los relojes. Me sentí como un espejo delante de un espejo y sentí vértigo. No he vuelto a amar desde que aprendí lo que es la muerte de un sueño.

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2.9.08

Otra vez Septiembre.

Ayer me dijeron que estamos en septiembre.

26.8.08

Cuando todo suceda.

Cuando todo suceda
algunos dirán que sí,
que siempre se puede.
Otros dirán que no,
que ya es tarde.
Otros pasearemos desnudos
al amanecer.
Otros permanecerán sentados
esperando la vuelta
de las aves migratorias.
Cuando todo suceda,
sólo algunos perderán
sus certezas viajeras.

18.8.08

Jazz.

Alguién me dijo ayer que no se podía tener principios y esa verdad cayó sobre mí como el piano más grande de Brunswick, la capital mundial oficiosa de los pianos. Se fueron estos amigos dulces de casa después de la cena y el piano seguía allí inmenso, negro, brillante, arrogante como un toro. Se me turbó el ánimo y reconocí entonces a dónde había que mirar. Mis ojos atenazados por el miedo se dirigían lentamente hacia el techo del salón. Efectivamente habían proliferado allí todos los pianos del planeta. En el baño, en el hueco de la escalera, por todas partes pendían de un hilo de nylon amenazantes pianos de todos los tamaños y colores. Pianos verticales, horizontales, de 88 y de 85 teclas, de cuarto de cola, de gran cola, verticales de espineta...

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17.8.08

Sexo.

Tu maltrato es estéril. Esa forma de amarme me esta haciendo daño. No voy a aprender a hacerlo así. Cuando me encierras en mi jaula de oro, tienes una imaginación privilegiada, y me muestras mi cara en un espejo, siento que la vida me va a vomitar. Exhalo bilis por todos mis poros. No quiero verme con la boca llena de moscas. Has amputado mis dedos, te has comido mi hígado, no me dejas respirar. Me haces falta, ponte los calcetines de hacerme salir. No te hagas de rogar, todavía soy un niño, aunque tenga perversiones adultas. Esta noche he vuelto a hacerlo, no hay ejército más poderoso que el cuerpo de una mujer excitada, pero ya se sabe que la guerra deja muertos. Ni me ofrecí para el café. He buscado tu orgasmo incesantemente hasta las ascuas de un crepúsculo novato y me has bañado de miradas líquidas que me han hecho salir por la ventana sin despedirme. Así no puedo amarte. Así no.

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Mosca final.

Tiesa en el vidrio y en su engaño, todavía
se aferra a un resto de luz menguante.
Calmada forma final
ya no tiene razón contra el invierno.
Un fracaso a la vista del cielo:
veo la dignidad
de concluir con la tarde, en un gris moribundo
aplastado a lo traslucido. Una pizca
de frío residuo planetario
hacia abajo chupado, a lo indistinto.
En su descenso cumple
una certeza de orden, mientras ignoro
la ley de mi propia disolución.
La muerte
no me reserva esa lógica suave,
su tranquila mecánica
sino un final inexacto, sometido
a un desesperado anhelo personal.

Joaquín O. Gianuzzi.

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13.8.08

Calles.

Y
Y se
Y se que
Y se que hay
Y se que hay calles
Y se que hay calles que
Y se que hay calles que te
Y se que hay calles que te llevan
Y se que hay calles que te llevan antes
Y se que hay calles que te llevan antes a
Y se que hay calles que te llevan antes a donde
Y se que hay calles que te llevan antes a donde tú
Y se que hay calles que te llevan antes a donde tú quieres
Y se que hay calles que te llevan antes a donde tú quieres ir.
Pero esas son calles que yo no suelo frecuentar.

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Pesca con mosca.

Lo intenté todo y con todas mis fuerzas. Salí temprano de casa. Templé mis suelas en el asfalto que tú frecuentabas. Me senté en la arena de espaldas al mar, quería hacer bien mi tarea y sabes que la marea me distrae. Y allí planté mis pies e intenté recoger toda la arena, pero no pude. Se me escapaba entre los dedos , era como pescar ceniza con cebo de mosca, no recogía nada. Era inútil, mis manos no eran capaces y las miraba y les hablaba, pero no me hacían caso. Y mi espalda estaba ya bañada en sal y sabes que me gusta la gente que habla de sí misma, pero no pude esperar y me metí en el mar. Sabes que no soy de verdad y que tengo que irme. Lo sabes, ¿verdad?

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12.8.08

Frío.

Se sabe que a partir de menos diez grados un ser humano no es capaz de sentir más frío. No podía desterrar ese pensamiento de su cabeza. Ni siquiera era una idea suya, se lo había oído decir a una anciana del pueblo pero aún así, pudiendo ser cierto o no, las consecuencias de que la temperatura fuera más baja y él no se estuviera dando cuenta eran la muerte segura. Seguía andando, arrastrando los pies sobre el camino. Sentía que sus mandíbulas eran de corcho, no hubiera podido moverlas ni para pedir auxilio. La oscuridad también era un martirio, las luces a lo lejos envueltas en un halo lunar. Sonidos que procedían del bosque gélido y el crepitar de los dientes astillándose. En la peor noche de Alaska le acompañaban todos sus santos, el padre jugando al ajedrez y el abuelo encendiendo la chimenea. ¿Quieres hacerlo tu?- le decía con mirada cálida. Le soltó un "cariño" inédito en su lecho de muerte. Ahora iba a reunirse con ellos. Sus piernas se convirtieron en los troncos que alimentaban el fuego. Había metido los brazos junto al cuerpo dejando las mangas vacías y cayó sin poder apoyar las manos, como si llevara una camisa de fuerza. Entonces con la boca pegada al suelo vio salir su último aliento que ascendía humeante hacia la luna, sintió que se le quebraban los ojos y dejó de oír su corazón.

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10.8.08

Fumando casualidades.

(...)Una rubia sentada en la barra de un bar buscando carne fresca para esta noche que no seré yo, que no seré yo, que no seré yo. Bajé la mirada para echarme un vistazo. Llevaba unos pantalones tejanos roídos por el tiempo y con muchos lavados a sus espaldas. Sin embargo y extrañamente conservaban un color azul vivísimo. Azul petróleo según el dependiente, si te gustan puestos no te los querrás quitar jamás. No me gustaban en absoluto, en realidad solo me los ponía cuando no tenía otra cosa limpia, que solía ser casi siempre pero ir a comprar ropa era algo demasiado complejo para mí y no está dentro de mis aficiones. Así que entendí el desprecio de aquella mujer altiva y por inferencia, el del resto del mundo. De todas maneras tampoco pensaba que cambiando de ropa iban a mejorar las cosas. Y así metafóricamente, poéticamente, como era todo, transportaba aquella bolsa con bocadillos en la noche. Durante esos días volvieron a aparecer una serie de coincidencias como hacía tiempo que no se daban. La primera fue aquella tarde de inusitada felicidad en la que pensé en el doctor Pericay diciéndome aquello de: “todo está en tu interior, lo has hecho tu”. Esa misma tarde antes de ver aquella maravillosa película italiana recogí un curioso Dvd del mostrador de la taquilla del cine. Al llegar a casa me asombré con lo que había en él. Contenía extractos de unas conferencias que había dado un tal Prem Rawat sobre la paz interior. En los días siguientes leí y escuché todo lo que pude sobre el gran maharaji y realmente experimenté una alegría inusitada. Un par de días después le conté a ella que cuando era joven un grupo de cabezas rapadas neonazis me habían agredido en plena calle propinándome toda clase de golpes y patadas hasta que pude zafarme. Pues bien, de nuevo en otra película italiana nada más empezar le sucede lo mismo a uno de los protagonistas de la historia. Cuando ella me dijo:”ah!, como a ti….” yo ya llevaba rato pensando que todos los personajes de la película se parecían a mí. No dije nada porque me parecía demasiado pero de repente mi acompañante se gira y me dice: “¿Te has dado cuenta de que todos son como tú?” Y así podría continuar, como con Ámsterdam, la canción de Travis que empieza diciendo: “jean- michel basquiat…” y luego el visionado de la película sobre la vida del pintor, que además era mi favorito, que acaba con el Haleluya de Jeff Buckley, que también aparece en la película sobre Christopher McCandles cuyo libro estaba leyendo en ese momento. Nunca me ha llevado a ninguna parte darme cuenta de estas cosas aunque siempre que pasa pienso que algo grande está a punto de suceder y me parece delicioso que sea así, aunque realmente luego no suceda nada. Esto tampoco es del todo verdad porque si me pongo a investigar en la memoria, a poco que piense me doy cuenta de que si han pasado muchas cosas. Así con esta cadena, lo siguiente que debía aparecer es la mano de alguien con calcetines visibles, de color morado, alguien que te ofrezca levantarte del suelo y con una sonrisa te invite a jugar con los demás en el patio, como siempre. Y uno que tiene estas certezas, que se cree el sapo de Gianuzzi y asiste al funeral de todos sus coetáneos no puede fracasar. Debía seguir esperando tal vez porque la luz que huye es más hermosa cuando el pájaro la sobrevuela, o tal vez porque la vida es corta y el arte es un juguete(...)

21.6.07

Realidad fantástica.

...Dos células cualquiera, apretándose, dándose toda esa energía hecha sudor. Así actuaban nuestras células. Tan inadvertidas, formando nuevos mundos, mares, de corrientes de siglos inversos, de objetivos conversos. Mirar a ciegas, pensar, mentir. Le había mentido tanto a ella. Conocía tanto y tan poco mi. Un puñado de muchas cosas llovidas antes que ella. Una vuelta a empezar corrosiva. Tantas noches lloradas. Tantas esquizofrenias despreciadas. Tantos engaños para llamar la atención. Tantos parecidos aplazados que a partir de ese momento iban a empezar a llamar a la puerta. A las puertas. La puerta del padre, la puerta de la madre, la puerta de todos los muertos. Santos todos. Aquella ciudad isleña, que tan bien me hacía. Me recibía todos los días con aquel cielo azul de recién llegado. Cada mañana si el pan con o sin matalauva y yo que no entiendo la pregunta. Cada día sentirse como si acabara de bajarme, como si pudiera seguir aplazando la niñez que me robaron. Que se llevaron aquella noche negra tantas veces no soñada, pero constante en su ausencia, en su persistente ánimo de destrucción. No existe ni existirá consuelo para ese niño que no lloró. Que fue tan valiente que supo esperar a que todo se le viniera encima a plazos. Y pagar, bien caro, el desmontaje de aquella casa. Ahora con el odio por bandera, con lo poco que aún sólo yo se de mi. En los días sucesivos me pusieron en tratamiento, el del viaje a ninguna parte, el de olvidarlo todo sólo por no estar. La esperanza en la expectativa y luego llegar y que no ocurra nada y volver a salir disparado hacia otro sitio, menos distante, igual de lejano, para mirar por las ventanillas, como todos los demás. Los que tienen certezas viajeras. Los que creen que tienen algo que hacer allí dónde van. Solo puedo agarrarme a esas ideas mientras esté en el viaje. Luego todos se bajan, se dispersan, se desvanece la conciencia ajena y sus historias distintas y la mía me deja solo. Agarro las maletas lo antes posible y salir corriendo a cubierto, a sentarme en otro banquito por poco tiempo a esperar otro viaje sin viento. Y así pasa los días el ezquizofrénico práctico, muy técnico en la ejecución.
Tocaba ir a comer, allí no habían despertadores, ni entraba luz por las ventanas, ni nadie que te avisara que hacía más de 6 horas que se había hecho de día. Te encontrabas a alguien en el pasillo, al principio una sobra redondeada, con un aura visible. A medida que te ibas acercando se iban enfocando el pelo, las gafas, la bata blanca y los zuecos blancos con suela de madera y un sinfín de agujeritos negros traspirantes. Me indicó más o menos donde estaba el comedor y allí me senté. Pronto o un poco después alguien me sirvió en una bandeja de acero inoxidable una lasaña verde también en bandeja inoxidable y vaso de plástico vacío para ir a la fuente. No existía el cristal. Cómo se echan de menos algunas cosas cuando te las quitan de golpe. La libertad por ejemplo. Luego echar de menos el cautiverio, porque esa es nuestra naturaleza. Era cómodo dejarse fluir en aquellas circunstancias. Salían las lágrimas sin ningún problema, tenia que esconderlas en el lavabo, aunque entrara algún tipo con marcas en la cabeza a pronunciar un discurso desagradable con la lengua pastosa, como si hubiera aprendido a hablar después de quedarse mudo. Creo que se refería a mi pelo. Todo daba vueltas, aquel espejo dejaba ver mi pose más bella en el momento en que no podía retener las lágrimas por más que lo intentaba, caían solas. En ese tipo de instalaciones el agua sale a gran presión por el grifo. La tocaba solo por constatar y contrastar realidades. Una, la de estar allí adentro, dos, la que se veía por fuera, más allá de las rejas. Paseaban mujeres a la hora de hacer la compra, con sus carritos llenos de frutas y verduras ajenas a la planta invernadero. Una noche en el paraíso, quiero volver ahi, todo estaba tan justificado. Daba tanto sentido a mi vida.
Me recuerdo sentado ahí mismo, en el suelo, apoyado en esa pared, ahora ya no podría hacerlo porque hay un radiador. En los cementerios también pasa eso, unos muertos velan a otros como si no fueran el mismo. No me creo que todos formemos parte de un todo. Todos los mares el mar, pero no todos los hombres el hombre, ni se si mi padre fue o no diplomático y explicarles a ustedes esto es casi una tarea humanitaria. Un sentimiento ambiental en un cubo de realidad fantástico cuyo manual de instrucciones se trascribe a continuación:

"Felicidades! Acaba usted de adquirir un Cubo de Realidad Fantástico, deseamos que disfrute de él y le agradecemos la confianza que ha depositado en nosotros. Este producto ha sido diseñado y fabricado bajo los más estrictos controles de calidad y su funcionamiento ha sido probado en las condiciones más adversas sin que se haya visto alterado su rendimiento. Posee una tecnología única en el mundo y le garantizamos que le proporcionará grandes momentos de placer mientras dure su imaginación*. (*Imaginación no incluida)
Se suministra un cubo de cristal imperfecto, no hay dos iguales, con unos dos centímetros de grosor. Sirve para abstraer realidades, se puede utilizar en cualquier momento y lugar solo es necesario levantar el cubo y con él una sección de la realidad que se esta viviendo, pero tiene unas reglas: Todo aquello que quiera observarse debe ser real y pertenecer a un espacio y un tiempo concretos, de alguna manera va usted a detener el tiempo y modificar algunas de las características ambientales del momento, pero no puede manipularlas todas. Las personas que intervengan en la escena no pueden ser borradas o cambiadas, eso si, como la extracción es a voluntad puede dejarse fuera del cubo a quien no nos convenga en el experimento. Lo que pasa, lo que se dice, lo que se piensa debe también permanecer inalterado. Únicamente se pueden modificar las condiciones ambientales, aunque con ingenio e inteligencia esto puede ser muy poderoso. También se puede crear un sentimiento ambiental, un concepto emocional que dependerá en gran medida de la profundidad del registro sentimental del operante. Por ejemplo es fácil pensar en un sentimiento ambiental de melancolía, pero introducir otro tipo de nociones como amor, no resultará tarea fácil. Se puede contar para ello con la transformación de la ambientalidad prosaica: viento, lluvia, sol, nubes, árboles que se caen, gatos que corren a cubierto, etc. Recuerde: las personas, el suelo que se pisa y la localización del lugar son reales, no podrá modificarlas. Y hay otra regla,la más importante, es solo para locos, no todos pueden verlo ni jugar con él."

Andaba yo tan divertido con mi Cubo que apenas podía caminar por la calle sin hacer continuas abstracciones, me tomaba todo el tiempo e incluso hablaba con aquel artilugio de cristal, lo sacaba en todas partes, en el autobús, en el metro, incluso lo hacia funcionar detenido en los semáforos. A veces me cruzaba con algún conductor que sí podía verlo y entonces éste se quedaba detenido, embobado mirando como el cubo le hacía guiños de realidad fantástica...

14.12.06

Lo que nos queda.

Nos queda sentarnos en un banquito al sol.
Y mirar, mirar al empedrado.
Y escuchar, como les salen los dientes,
a los demás.
Y fumar, exhalar el humo
por los agujeritos que tenemos.
Nos queda dejarnos crecer la barba recia
y el pelo huidizo.

Y no nos queda mucho más que callar,
cerrar la boca temerosa,
analizar los gestos postreros,
recordar la vida como será.
Nos quedan los poemas
y nada más.

30.11.06

Circus comes to town.

Esta mañana iba de camino al juzgado a buscar la autopsia de mi padre, siempre que me encuentro mal tengo la sensación de pesar muy poco, de andar como una marioneta y pienso en si la gente se dará cuenta de mi ligereza. Esto me llevó a pensar en las manos de alguien, que no han cambiado nada y en una canción de Amaral, "días de verano". Ultimamente pienso unas cosas extrañísimas y asocio ideas sin parar. De vuelta a casa con esa idea del poco peso empecé a leer el informe de la autopsia y me pareció una gran ironia del destino que en las descripciones de los organos de mi papá estas incluyeran el peso. "Pulmón derecho: 520 grs.", "riñon izquierdo: 1280 grs." A veces parece que todo es un gran circo y soy el lead clown.

2.11.06

Noviembre.

Fíjate mamá es Dios.
Ha abierto la cortina de oeste a este
y ha cambiado el rumbo del amanecer,
¿qué pasaria si el mundo girara al revés?
Seriamos todos zurdos, Joan,
los ríos irian del mar a la montaña.

Ani Difranco - Angry Anymore
growing up it was just me and my mom
against the world
and all my sympathies were with her
when i was a little girl
but now i've seen both my parents
play out the hands they were dealt
and as each year goes by
i know more about how my father must have felt
i just want you to understand
that i know what all the fighting was for
and i just want you to understand
that i'm not angry anymore
i'm not angry anymore
she taught me how to wage a cold war
with quiet charm
but i just want to walk
through my life unarmed
to accept and just get by
like my father learned to do
but without all the acceptance and getting by
that got my father through
night falls like people into love
we generate our own light
to compensate
for the lack of light from above
every time we fight
a cold wind blows our way
but we learn like the trees
how to bend
how to sway and say
i, i think i understand
what all this fighting is for
and baby, i just want you to understand
that i'm not angry anymore
no, i'm not angry anymore.

No sirves para nada
Cuando yo era pequeño estaba siempre triste y mi padre decía mirándome y moviendo la cabeza: hijo mío no sirves para nada.Después me fui a la escuela con pan y con adioses pero me acompañaba la tristeza. El maestro graznó: pequeño niño no sirves para nada.Vino luego la guerra la muerte –yo la vi–y cuando hubo pasado y todos la olvidaron yo triste seguí oyendo no sirves para nada.Y cuando me pusieron los pantalones largos la tristeza en seguida mudó de pantalones. Mis amigos dijeron:no sirves para nada.De tristeza en tristeza caí por los peldaños de la vida. Y un día la muchacha que amo me dijo –y era alegre–no sirves para nada.Ahora vivo con ella voy limpio y bien peinado.Tenemos una niña a la que siempre digo–también con alegría–, hija mía no sirves para nada. José Agustín Goytisolo

20.10.06

Vuelta a la enfermedad.

Fue un verano horrible, siento el aliento de la enfermedad en el cogote. Tuve que dejar mi trabajo porque no soportaba las presiones y porque tenia muchos conflictos éticos respecto a lo que estaba haciendo. Aguanté allí todo lo que pude porque he dejado todos los trabajos en los que he estado pero no pude más. Mi compañero me dijo: "vas a dejar que puedan contigo?" y respondi que si, que ya habian podido, cogí la baja por depresión y no aparecí más por la empresa. Después lo de siempre, otro bureufax de esos que te dicen " la empresa ha decidido no contar más con sus serivicios, su contrato expirará el día tal, haga el favor de devolver el vehículo, el movil y la documentacion que obra en su poder". Poco después falleció mi padre, de golpe, fue durísimo. Recuerdo que esa noche mientras él se moría a 40 kilometros no pude dormir y a la mañana siguiente cuando recibí la llamada de mi hermano diciendome que estaba en el hospital yo ya sabia lo que había pasado. Un infarto fulminante. Lo peor de todo es que se que él me hubiera dicho tantas cosas si hubiera sabido que iba a morir y nunca las sabré. Ahora ya soy el malo, el heredero de toda la inquina de la familia, antes no le podian ver a él, ahora no me pueden ver a mi. A mi abuelo le pasó lo mismo. Es increible como se perpetúan los roles, pensé que eso no iba a pasar conmigo, pero me doy cuenta de que soy mi padre, soy mi abuelo. Repetimos las conductas de nuestros progenitores aún más cuando queremos alejarnos de ellas. Estoy orgulloso de él entonces, parece que ahora lo entiendo ya todo. Le echo tanto de menos....
Y de nuevo la soledad y la enfermedad y las ganas de morirme y así seguiré hasta que suceda algún milagro porque como diria Freud en su Más allá del principio del placer, "El que sabe esperar no tiene necesidad de hacer concesiones."

17.10.06

Días de vino y rosas.

Alguien hoy se sentía fuerte como para despreciarme después de haberse apoyado en mi hombro. Otrora le hubiera mandado a la mierda pero hoy no me apetece, le he dejado que se explique y que me suelte todo eso que cree que lleva dentro. Ha creido que así se arreglaba pero yo no dejo pasar esas cosas, poco a poco iré cobrandome esa factura hasta que se agote el saldo de nuestra relación. Sin un let it be de más.

26.6.77

Morir otra vez.

Lo siento, he fracasado, sólo deseo morir otra vez.

Rotten in Denmark.

Llegué a Shakespeare igual que salí de él, gracias a la desgana y a la casualidad y a las idas y venidas de mi enfermedad, que siempre lo marcó todo. Fue un milagro nada esperado, como Goytisolo y León Felipe. De todas maneras ese fulgor duró a penas un tiempo corto, seis meses, quizás algo más, como el universo sin sentido que da vueltas en un tiempo inapreciable sin tener nada claro a dónde va. Recuerdo que no podía respirar, era un esqueleto marginado en una clase nocturna para marginados. Una escuela de adultos para niños. Repetía aquel camino cientos de veces al día, era un camino de tierra de esos tan largos que te llevan a una mansión rodeada de bosques y estanques con peces y nenúfares, con grandes ventanales y balcones y chimeneas. A la puerta un gran coche negro esperando y un hombre con traje oscuro pasándole un trapo para mantenerlo siempre brillante. Sólo que al final de este camino no había mansión, ni castillo, ni la tranquilidad esperada. Había un árbol solitario, negra noche, rejas y un puñado de desheredados. En ese entorno, un profesor joven, también ligado a esas penosas circunstancias y con ese aire romántico del que sabe que lo que hace no sirve para nada. Como alguien que desprende fragancia de jazmín en un estercolero y sabe que su olor se pierde nada más salir de su cuerpo. Por eso era tan bello. Por eso escuchaba todo lo que decía, y él me correspondía con miradas llenas de complicidad melancólica, sin acercarse mucho, porque el que esta instalado en la derrota ni quiere ni podrá salir nunca de ella. La derrota, la pérdida, es el sentido de la vida. Así lo entendíamos los dos. En ese acuerdo hablábamos de Hamlet y siempre pensábamos lo mismo. Me correspondía con notables a pesar de que me merecía sobresalientes y así eramos felices los dos. Yo hubiera sido mas feliz con un aprobado y a veces lo intentaba pero su orgullo de maestro y mis ganas de seguir donde estaba se equilibraban de esta manera tan sutil y tácita. "Brillante a lumine motus" "Efectivamente es una oda a la bombilla" "A mi también me encantan los relojes de sol"
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