11.9.09

Mil cuerpos de telaraña.

Santos descalzos en procesión
renuevan el aire de este pueblo.
Entre el griterío de la gente
un angel bajó para darme un traje.
Es el traje del pájaro negro
que sienta tan bien al yo saliente,
mientras tu vestido de raso verde
desfilaba hacia el balcón abierto
y bailaban así nuestro ropajes
en ausencia de los cuerpos dormidos,
mil cuerpos de telaraña.

Entre tu luz y mis ojos permacerá la vida
asentada en caudales de porquería.

31.8.09

Mientras agonizo.

Te esperaba desde mi sillita. Se trataba de ver como caminabas sobre el aire del final del verano. Tenías que tener cuidado, el aire se hace más ligero y puedes caer y hundirte para siempre. Atravesabas edificios, pasabas por encima de las personas que andaban como hormiguitas. Y yo te tensaba la cuerda y tu reías. Era agradable verte recortada en los edificios de enfrente, amarillos y anaranjados. Desviaba a ratos la visión para observar el movimiento de las copas, de unos árboles tan prisioneros como las conversaciones fútiles de los transeúntes. Empezaban a encenderse las farolas y los vecinos prendían sus escaparates. Había desconcierto en la casa de las muchachas alegres. Un negro sin camisa tecleaba en su ordenador portátil hablando con sus familiares en vete a saber qué rincón remoto del planeta. En casa de las muchachas alegres la chica morena barría y ordenaba. Ayer la vi llorar en el balcón y las otras se sentaron a su alrededor para consolarla. Y tú haciendo equilibrios para no caerte, un pie y después el otro y sonreirme, no parabas de sonreirme. Tenias la camiseta mojada por el sudor y se había pegado a tu pecho y a tu barriga. Tu pelo amarillento de paja fina se movía acompasado y tus manos a veces en garra, a veces estiradas, te conferían una postura de bailarina postmoderna. Ella es así y yo de esta otra manera, se podía pensar. Le gusta el suspense y yo prefiero observar.

30.8.09

Tálamo.

Tierna se queda la noche
cuando sueltas la mano del niño
para apagar tus ojos.

Ese niño encontrado vaga
en la plata de la luna ausente.
Siente el hueco de su mirada,
negro el cometa al pasar.

Clava sus rodillas en el barro
que huele a pino y albahaca.
Reciente es la herida del lobo
la sangre le grita en corro
¡no la dejes pasar!

Ahora sin remedio el niño perdido
tomará su mano descalza,
llenan la boca de tierra tus besos.
Revienta, espina de la noche nueva.

27.8.09

No preguntaban.

¿Alguien sabe lo que es que te impongan una enfermedad? Aquella monstruosa descripción de patologías no era más que un catálogo de diferencias, tratadas desde un miedo atroz, cruel y alienante. De repente me empujaron a un agujero sombrío, profundo y largo, por el que caía observando las caras de aquellos carniceros embatados de blanco al borde del precipicio. Mirándome caer inquisitivamente, reafirmándose.
-Si le vemos caer es que se ha tirado.
-¡No! ¡Me habéis empujado! ¡Yo no he hecho nada! ¡Me habéis empujado! Quiero subir.¡Yo no pertenezco a este mundo!
Nadie le pertenecía. Ese mundo no existe, es sólo una jaula, un planeta despersonalizador a donde desterrar la diferencia. Solo eran eso, eran diferentes, nada más. Todos padecíamos una reacción alérgica, a la competitividad, eran tiempos grises, de heroína y alcoholismo en las calles. De coches de más de quince años, de austeridad económica y social. De profundo odio familiar nido de incompresión. ¿Y quién era capaz de soportar esa realidad? Y sin embargo nuestra poesía, las ganas de restallar la moral, la pura evangelización del hombre, la imposición de sus costumbres nos desgarraban. Aún sin dientes. Sin ganas de morder a nadie, en carne viva: diagnósticos, tiempo y sedantes. Jamás lo entenderéis. Está en la mirada. Y poco a poco aquellas gentes que no nacieron del suelo se iban vegetalizando a fuerza de campiña. Ya se hacía miedo la impresión de que tal vez podrás hacerle un gesto a alguien (tú me sabes). Sin embargo ese “tú me sabes” a menudo era respondido con un grito desfigurado y caer de rodillas y retorcer el plano. La invasión de los ultracuerpos con Donald Sutherland. Jamás lo entenderéis.

Etiquetas: , ,

16.8.09

Icterícia.

Juan Pablo ya casi no recuerda cuándo fue que tenía las venas hinchadas, sobretodo las de los brazos y las piernas y también las del estómago. Era una sensación muy desagradable pues cada vez que estiraba un brazo para coger el tarro del café o tender la lavadora sentía un fuerte tirón muy doloroso. Y no sólo era eso, su cerebro tendía a la sinestesia y se mezclaba el dolor con otras sensaciones, como el sonido de una tiza resbalando por la pizarra o el olor de un hamster pudriéndose en su nido. También algunos quisieron hacerle ver que tenia los ojos amarillos, y que esto era sin duda síntoma de alguna enfermedad. Por aquel entonces la ginebra campaba por sus conductos sanguíneos y él se defendía diciendo: "Peor es el agua, que sino la tienes, te mueres." Así pues se fue alejando de aquellos miserables, que sin duda no podían entender sus altos pensamientos. Tan sólo eligió a un amigo, para aliviar de vez en cuando la soledad cuando ésta se hacía insoportable: Juan el relojero. Era un chico muy paciente, blanco como la leche, sentado todo el día en su taller a la espera de un reloj que no reparar, puesto que él no estaba allí por voluntad propia, sino que yacía en aquella sillita por tradición familiar. Tardaba semanas en dar su veredicto: "No tiene arreglo señora, tendrá que comprarse otro." A Juan Pablo le hacía mucha gracia ver aquellos sobres de papel marrón debajo del mostrador, visibles a través del cristal. Contenían restos de relojes, esferas y piezas sueltas:
- Para qué molestarme en remontarlos, nunca se las llevan. Juan Pablo, yo no soy un especialista.
- ¿Puedo llevarme algunos? Me interesan sobretodo los que tienen el cristal gordo y las esferas azules, apuesto a que puedo hacerlos funcionar.
- Claro llévatelos, los relojes muertos no tienen quien les vele, adelante, sé que disfrutarás con eso. Estás loco.
Juan Pablo era escultor tenía los estantes llenos de artilugios herrumbrosos y maquinarias obsoletas que se movian empujadas por agua. Le encantaban las fuentes enchufables, ahora se habían puesto de moda, las llamaban zen. Entrar en esas tienditas de techo bajo, olor a barniz y alfombras persas era un placer extremo para él, jardines zen y fuentes de agua. Él pensaba que toda la verdad del universo estaba contenida en cada una de las formas que tomaban las gotas.
"Agua descendente, cómo sus párpados...".

Etiquetas: , ,

13.8.09

Roto.

Mi vida es un collage de pedazos rotos surcado por una linea descendente que aún no le da sentido ni lo justifica. Es un ver pasar cometas sentado en una silla de camping a la intemperie. Es un empeñarse en encajar en puzzles que no hablan de mí.

Etiquetas:

5.8.09

I'm a hero. (I)

2.8.09

Hospital.

Vi marcharse a mi sangre, esperando ahogarme en ella y recibí a cambio un despertar colgado de un techo blanco de hospital. Una madre sollozante y un hermano distraido y preocupado. Enchufado a tres catéteres, clavado en una cruz. Entre la indefensión, la rabia, el dolor físico y la propia ineptitud. Y de repente un sentimiento de gratitud enorme, que me inunda todo el cuerpo, por ver al doctor y oirle hablarme con ternura. Una ternura que nunca nadie más tuvo. Y de repente se me antoja que se han equivocado con los catétres y el suero es llanto, porque mis ojos lloran sangre y mis muñecas están encharcadas de lágrimas.

29.7.09

Ser.

Siempre pasaba lo mismo. Nos hacía los aparejos y los dejábamos caer al mar. Nos amenazaba con no anudarnos de nuevo los anzuelos, pero transigía y nos daba más plomos que volvíamos a dejar caer al mar. Y asi se repetía la estampa una y otra vez y el pobre no podía pescar tranquilo. Aleteábamos en el agua salpicándonos la ropa con la piernas colganderas y reíamos en alto y él nos daba la espalda negando con la cabeza, sentado hacia el otro lado, la salida al mar, la otra, que no era la nuestra. Una espalda fuerte, recia y ancha y su pelo rebelde endurecido por la sal. Meme nos advirtió sobre la apariencia de aquel viejo que vivía en la playa "dale la mano, tiene escamas, ya lo verás".
Despertar con algo clavado en la espalda, un brazo dormido, un párpado hinchado, dolor de cabeza, sin café y sin posibilidades. Andar despacio deseando correr, la rellamada, los poemas, el telefóno que nadie contesta, las tostadas, alimentar a los gatos, pensar en la fotografía, tener miedo del agua, angustiarse por cualquier cosa, estar al borde de un ataque, proferir insultos contra el cielo y los calcetines desparejados.

Migración.

Si los dos permaneciéramos de pié frente al cuadro sin mirarnos. Si apuntáramos al mismo sitio nuestros ojos a los pies. Si nos cogiéramos de la mano para leer la firma: Jean Dubuffet. Si no pudiéramos expresar nada más que el rojo y el marrón y usáramos los dedos mojados en óleo para esparcir la pintura en nuestras caras. Sin hablar de nada, sólo mancharnos la cara con los dedos, firmemente de la nariz a las mejillas, entreabriendo las bocas. Y quedaran los ojos blancos muy abiertos y especialmente grandes. Y no existiera la respiración, ni el aliento, ni los olores. Entonces una vez desterrada la pérfida albión, podríamos bailar en cubierta a la deriva y romper el espejo en esta noche sin luna.

24.7.09

N'importe quoi.

¿Qué mierda es ésta? ¿Por qué no me quedan más viajes? Cerraron las puertas de la estación del norte. En Paris. 1978. Viento y confluencia de espacios comunes. Ojos grises. Paseo marítimo sin mar. Sin más mar que el río, en ausencia de lluvia. En ausencia de pensamientos útiles. Escuchando música con el ipod rayado. Apretando las uñas contra los dedos. Encontrando placer en el dolor. Agotando la paciencia de los antepasados. El día de todos los santos son ellos los que no me vienen a ver. Están más vivos sus gusanos. El gusanaje, la estirpe podrida. Más que empujar, nos cagaron. Nos nacieron a la fuerza. ¿Quién fue el primero en nacer a la fuerza? ¿Quién empujó a quién?. ¿Fue el abuelo? ¿Fue su madre? ¿Fue uno que pasaba por allí?¿ De dónde le salió toda esa rabia? La bilis transmitida de generación en generación. ¿Empujaremos a otros?
Juego con Víctor a Aquiles y la tortuga. Intento cuadrar los semáforos, ya sabes, para no coincidir. Cuando se pone rojo me ato los cordones, tomo caminos alternativos, compro cualquier cosa, nunca quedarse rezagado, nunca salir el último. Es preferible salir siempre el segundo, sólo se despide uno de ti, puedes controlar sus distancias y te despides de todos los demás de una tacada. Una sóla sonrisa que no acumula. Un mísero gasto.

Asperezas.

Intentaba encontrar un pasado glorioso en los libros de la estantería de ascendencia sueca de Eva. Era una estantería austera, rectilínea y con igualdad de espacios. Los libros vistos desde la cama parecían observarnos oblícuamente. Por una extraña combinación del efecto coriolis y de la ley de la gravedad no nos caían encima enterrándonos. Eva dormía a mi derecha girada hacia la salida de de la cama. De reojo veía parte de su espalda y uno de sus brazos. Estaba envuelta en la sábana, con lo que yo quedaba desnudo, avergonzado ante la mirada responsable de la literatura universal. Tenia la piel áspera y moteada con algunos puntitos rojos. Era de ese tipo de mujer, con una piel no tan agradable al tacto, pero cálida, lo cual compesaba su aspereza. Algunas letras goteaban mojando mis pies y componiendo personajes. Unos eran viejos amigos, otros unos perfectos desconocidos. Juan Pablo con sombrero negro, Pereira secándose el sudor de la frente; Horacio sentado en un rincón clavándose tachuelas en la frente; Hamlet descompuesto queriendo saltar por la ventana, clamando venganza. El sapo y millones de moscas finales estallando en sangre desde el techo y Janet Frame haciendo sonar mis pianos.
No pudiendo resistir más el peso de la lectura pendiente, me preocupé de salir de allí lo antes posible tratando de no despertar al voluptuoso ser sin importancia que yacía en la boca de un tobogán iluminado por los primeros rayos de sol de la mañana. No me esperes, no me mires, no me hables, no quiero desayunar contigo, no eres nadie.

26.6.09

Guimerà.

La calle con más viento de Las Palmas, ese sitio donde siempre hace frío, dónde el café se hace eterno y resabiado, se llama Ángel Guimerà. Es una extraña rareza geográfica, siempre a 30 nudos de cualquier lugar. A veces nos resistimos a entender ciertas cosas, a valorar que somos de magia. Ese viento quiere decir muchas cosas, quiere empujarme, quiere llevarme a alguna parte o quiere dejarme encarándolo. ¿Qué será más hermoso? Guimerà nació en Tenerife, el teatro allí lleva su nombre. Mucho antes de saberlo tomé notas sobre el asunto y me pesó ese viento del catalán que se retiraba en el Vendrell, pueblo donde pasé mi infancia y mi Pozo Izquierdo catalán. Pozo Izquierdo es también el lugar donde sopla más viento en toda la isla. El puzzle se va recomponiendo. El Vendrell y Pozo Izquierdo son la misma cosa. ¿Pero Ángel Guimerà quién es? ¿Debo volver a Barcelona como hizo él? ¿Esto pretende decirme? ¿Tendré allí un entierro multitudinario? ¿Soy más bello si me encaro al viento? ¿Es mi ángel de la guarda? ¿Qué?

21.6.09

Hombres.

Pisarán las piedras cultivadas,
hombres templaran sus suelas
en el asfalto que salió
de vuestras bocas.
Y el sol será el mismo
aquí y allá donde jueguen vuestros hijos
y mueran pesadillas por la bombas
también por tus manos cocinadas.
Y los alisios y la tramontana
jugarán entre el cielo
siendo lo mismo.
Las lágrimas de risa y llanto
de vuestros hijos y antepasados
que os dieron a luz convergerán
para que todos los mares sean el mar.

18.5.09

Llévame contigo.

15.5.09

Para que yo te nombre.

Para que yo te nombre
tus piernas deberán ser de madera
y de tus brazos nacer
manzanas rojas.
Para que yo te nombre
cambiará el color de tus hojas,
se volverán amarillas
y las dejarás caer.
Para que yo te nombre
olvidarás tus arpegios
cuando el frío los haga verdear.
Para que yo te nombre
respiraré despacio al caminar
dejando atrás tu sombra,
después perderemos la esperanza
y ese será tu nombre.

Purpurina.

Y tuve fe. Hay purpurina, hay vida.
No hay purpurina. No hay vida.

3.5.09

Sombrero.

Mis pasos se tornaban en espuma y volvían a mi sombra en aquella tarde desesperada de abril. La espera se hacía incómoda en aquella habitación azul llena de gente gris. Los definía perfectamente aquel color, sin más. Eran todos iguales, los hombres llevaban sombrero, ellas parecían una especie aparte, acunaban bebés, miraban al techo, no sonreían nunca, ellos fumaban formando una niebla espesa anudada con fuerza, una fuerza sólo aparente, como la candidez de aquellas almas despiadadas.

Verónica ya no estaba, había encontrado su camino, decían. Ella que se iba a morir sin mi debilidad. Sin mis expectativas infundadas, sin mis cuadros coloristas, sin mis ideas ajenas, había renacido levemente. Tenía ese color rosado en las mejillas, ese que tienen todas las mujeres cuando creen que vuelven a ser felices. Cuando olvidan al tipo que no fue una leyenda. Siempre se lo decía, que fácil es ser una leyenda y que jodido es ser un mártir. Ahora otro ocupará esos espacios donde un universo de ácaros se alimentaron de mi llanto y se comerán sus uñas y sus cabellos y me olvidarán y todo será leve para ellos. Tostadora nueva, pan con mantequilla de la que a ti te gusta y aquí no ha pasado nada, tengo, tengo, tengo y que pena me da Juan Pablo, que parece una sombra y está muy arrugado.

Cuando eres capaz de tragarte esas grandes dosis de levedad te pones el sombrero y fumas viendo a tu mujer en el yeso de las paredes, y te vuelves pesado, y se te complican las sienes, y llueve, y corren gatos a cubierto y se te marchitan los párpados y te quieres dejar ir en la enfermedad y morir de pena, y parece que hasta tienes que aprender a hablar.

Hay que cambiar estos zapatos, pensé...

1.5.09

Naranjas.

Que se ensombrezcan tus manos
para que el pájaro negro vuele sobre tus horas,
que al fin todo sea negro para vos.
Que se marchiten tus párpados,
que tu piel se desvanezca
y que el viento te empuje hacia la noche.

Pero el cielo,
el cielo que no se apague
para que el viento amase tus alas,
que tu piel huela a naranjas.
Que tus párpados se enciendan,
que al fin te llenes de color
y que tus manos no dejen de guiarme.

Valiente.

Juan Pablo salió a disfrutar un cigarro a techo descubierto después de hablar con Cecilia de espejos y abrazos. Abrazas todo lo que te desintegra, dijo. Tratando de no pasar inadvertido a aquella mujer se apoyó al sol en el muro, de espaldas a la realidad. Y lo consiguió, ella se acercó a pedirle fuego, se dio la vuelta y se contoneó delante suyo levantando la cabeza para exhalar el humo que se hizo prácticamente líquido en aquel día pesado como un piano. Volvió a llamar a Cecilia:
- Sí, la abrazarás a ella también.
- ¿Estás segura?
- Completamente bobo.
- De acuerdo, sólo era eso C. Besos, ciao.
Se oyeron carcajadas al otro lado del teléfono. Echar de menos el puto cautiverio, mentir, ser valiente.
Un verano fue de campamento con el colegio y una de las actividades consistía en hacer rappel en un barranco, cuando estuvo al filo del precipicio atado con la cuerda y medio cuerpo colgando hacia el abismo, pidió que lo subieran. Había visto bajar por allí 22 niños antes que él, todos asfixiados por el miedo, sudando como cerdos y la imagen le había parecido patética. No es que fuera muy consciente de su belleza, pero de forma animal, igual que a una oveja, que cuando la esquilas se siente menos hermosa, tenia clara la imagen de sí mismo que no quería dar. Así que tuvo que deshacer el camino a pie, sólo entre los pinares que cubrían el desfiladero. Al llegar a la casa se encontró con la directora de la institución que lo felicitó por la valentía de haber dicho que no, de no haber pasado por el sufrimiento, ni por la fealdad del momento. Esa fue su primera noción de valentía, al día siguiente bajó por la cuerda. Valiente y valiente es dos veces valiente.

21.3.09

Nunca.

Qué pasa cuando sueñas con alguien y ese alguien duerme a tu lado y lo acabas de conocer? Ella dijo que no había estado en el sueño, lo que soñé era claro y contrario a lo que deseaba. Hice caso de mi madre, se lo conté para que no se cumpliera. Para que nunca estés perdida, para que nunca me veas por la calle y no te acuerdes de mi rostro, para que nunca vagues desnuda y ciega intentando escapar o quedarte, desorientada y somnolienta. Sé que no vas a quererme, que una tragedia se fragua en un sólo día, que tienes los ojos verdes, como las medias y la bicicleta de esa persona que odiamos. Como la bufanda y las operaciones de vesícula. Las vesículas deben ser verdes también. Pero al menos debes reconocer que acerté con la banda sonora y que supe escucharte y que mientras dormías te aferrabas a mí con cara de pocos amigos. Pero no me soltabas el brazo y lo apretabas contra tu pecho y no quise dormir porque eres el espectáculo mas bello del mundo y te acariciaba y tú hacías escorzos como los de un gato cuando le rascas la barriga. Y te conté un cuento absurdo y me preguntaste cómo se llamaba el amigo del protagonista del cuento y no supe qué responder porque no te callas nunca.

11.3.09

"Cuerpo" al azar.

Ante la imposibilidad de mantener el equilibrio lo mejor es dejarse caer por los bordillos de la vida y esperar que nos recojan, aunque sea el autobús de la basura y tal vez cuando hayamos muerto. Y si no, mantengamos la verdad en otra parte porque aqui no importa. Malevich intentó cambiar su biografia por buscar la coherencia, eso si importa, la verdad no.

Etiquetas:

3.3.09

Malaje.

Tengo un tesoro escondido,
lo cubre una tela de polvo
lo limpia el mar desde el fondo
lo pierde de vista la noche.

La luna quisiera pescarlo
lo encuentra tu anzuelo
entre asombros.
La ostra bajó hasta el infierno,
no supo beberte despacio.

Ven a buscarme temprano
cuando la sal
se pegue a tus botas.

Me encontrarás tejiendo las redes
que han de unir nuestras sombras.

25.2.09

El túnel.

Y contrariado, Juan Pablo apenas percibió la bocanada de aire frío que le golpeó cuando las puertas se abrieron a su paso. Y siguió caminando igual de contrariado que cuando sacó aquel libro de la estantería, se dirigió a la caja, lo pagó y lo introdujo en la bolsita de triángulos negros y verdes que le dio aquella amable dependienta. Por qué aquel libro, seguía pensando, alejándose cada vez más del monstruo bulímico que ahora le vomitaba hacia su casa, con la misma prisa por devorar aquellas páginas, que las que tiene un recién nacido por empezar a llorar. Y se sintió feliz por la adquisición porque pintaba bien aquel cuaderno, pero contrariado muy contrariado. Leyó por la calle, en el autobús, mientras abría la puerta y esperaba el ascensor. Se sentó en la cama, encendió a tientas un cigarrillo a la luz tenue de la única bombilla que, a pesar de llevar allí tres meses, había tenido ánimo para colocar. Y se sorprendió en la página 59: "El manual decía que los gatos escarban en la tierra para esconder el estiércol, y que en las casas sin patio, como ésta, lo harían en las macetas de plantas, o en cualquier otro escondrijo". Y a pesar de la felicidad que le estaban produciendo las letras de Memorias de mis putas tristes, seguía contrariado porque detestaba una tras otra las prosas de García Marquez pero acumulaba más libros de él que de nadie. Y aunque Sábato diga que la miopía no se corregirá por no llevar anteojos, a veces ésta nos da un respiro y podemos ver y ser felices también, pensó Juan Pablo.

Etiquetas:

21.2.09

Muerte.

Sigo queriendo morirme con todas mis fuerzas.

Etiquetas:

Ambrosía.

Sólo era eso, yo ya me iba...

Etiquetas:

Semáforos.

Parece claro que ha llegado alguien más que el viento,
a traernos un mar sonoro casi olvidado.
Parece claro que siempre hay un subnormal que se levanta temprano.
Parece claro que nada está claro.
Parece claro que hay que recuperar la mirada sensible.
Parece claro que me amo.
Parece claro que queréis buscar culpables.
Parece claro que sigo queriendo morirme con todas mis fuerzas.
Y me parece tan claro que soy feliz si la culpa de lo que me pasa es mía y sólo mía.
Quisiera cruzar los semáforos en el tiempo indicado, pero es tan poca la voluntad de mi olvido...

Etiquetas:

27.11.08

Nuevo.

Ya no será más, lo he visto salir por la puerta. Con su maleta azul con ruedas. Maleta inútil para cuatro días. Demasiado grande para un fin de semana, muy pequeña para una estancia superior a siete noches. Y definitivamente el tamaño perfecto para cargar con la vida entera. La camiseta de la suerte, el resto cupiendo en los bolsillos llenos de caramelos. Y qué haces, lo dejas marchar, no hay nada que hacer, te vistes de negro, mañana te compras otra camisa, te afeitas, te vistes adecuadamente, no confias en poder mejorar el físico que se destruye a ritmo vertiginoso y te sientas cada vez más cerca de la puerta y más lejos del televisor y te sientes cada vez más cerca del televisor y más lejos de la puerta. Esta vez no hay globos, ni frío que se te clave en los pulmones como agujas de coser, ni malos a los que espantar, ni hombro sobre el que repartir el peso. Esta vez es muchísimo peor.

Etiquetas:

19.10.08

Alf.

-Es tarde, ¿dónde estás?
-No lo sé, no soy capaz de encontrar el coche.
-¿Estás llorando?
-Sí.
-No te preocupes, ahora mismo voy a buscarte.
-Tengo frío.
-¿Pero dónde estás?
-Cerca de la facultad.
-No te muevas Alf, ahora voy.
-No puedo dejar de llorar.
-Tranquilo precioso, estoy saliendo por la puerta.

15.9.08

Comunicación.

Jeffrey tuvo una novia que le mecanografiaba mensajes en la piel. Y él en la oscuridad de la habitación dibujaba palabras en el aire con los dedos. Un trazo azul de tinta menos invisible le dejaba ver que la amaba o que le incendiaban sus besos dorados.

Etiquetas:

Utopía.

A las 7 en punto sonó el timbre del microondas. Jeffrey se despertó en las escaleras, había dormido muy bien y se sentía contento y lleno de energía. Al mirar por la claraboya, Brunswuick, la capital mundial oficiosa de los pianos , estaba preciosa. Mike pasó con su barquita de remos cerca de la ventana y le saludó ampliamente con la mano exhibiendo su sonrisa de malabarista. Mientras se ataba los cordones pensó que hoy sería un gran día. Puso los calcetines en la cafetera y rellenó de ambrosía hasta la marca. La metió en la lavadora y accionó el programa expréss. Después de desayunar cogió la regadera y dio de beber a las libélulas aún somnolientas que habitaban el alféizar de la ventana. De repente, y aún con sol radiante, fuera empezó a llover limonada así que rescató del desván el paraguas de cáscara de nuez. Asomó la cabeza por la puerta, vía libre, ningún elefante rosa a la vista. Caminó hasta el trabajo con regular prisa y durante el trayecto sólo tuvo un pensamiento:
-Si algún día tengo un perro, lo llamaré Utopía.-

Etiquetas:

9.9.08

Relojes.

Marta era mi psicóloga. La encontré en las páginas amarillas, estaba cerca de casa así que un día me decidí a llamarla. Una semana después esperaba cómodamente sentado en un sofá negro de piel. Estaba en un edificio modernista del centro de Barcelona. Vestíbulo gigante, ascensor vetusto enrejado y techos descorazonadores. Demasiado vacío. Estamos acostumbrados a ignorar el cielo o a controlar visualmente los techos. Un techo muy elevado a mi me aterra, se vuelve oscuro, mal iluminado y quién sabe que criaturas lo habitan. Me abrieron la puerta sus ojos azules y su sonrisa tonta impostada, la vi alejarse mientras se dirigía a terminar con la consulta anterior. Era rubia, delgada, mayor que yo, se contoneaba grácilmente, me gustaban sus pantalones estrechos. El paciente anterior era un enfermo desagradable, creí entender que estaba en una secta y en fin, ya había oído esas historias en otros espacios aún más reducidos que aquel, así que me levanté a observar la estancia e intentar no escuchar más al pobre esquizofrénico. Al poco se despidieron y vi salir al chico vestido con traje gris y medallón al cuello. Ella se asomó a la puerta, se había quitado la chaqueta y llevaba una blusa negra muy entallada, entre sus pechos hubiera hecho falta un botón pero si no estaba era para mayor gracia de mi libido. Sus labios, en los que no había reparado antes tenían un aspecto dulce y atractivo. Le conté lo que he contado tantas veces, pero a ella no le importó mucho. Era la primera vez que un psicólogo estaba más interesado en hablarme de su vida cotidiana que en escucharme y yo no podía dejar de mirar sus labios. La estancia estaba repleta de relojes, el ventanal completamente gris con una luz tardía. Relojes de mesa, de pared, de bolsillo. Yo amo los relojes pero no se lo dije hasta la segunda consulta. Mi especialidad son los relojes de sol, me encantan los latinajos que los adornan. Les hago fotos y apunto las frases y se como sé hace un buen reloj de sol.

La semana siguiente volví a acudir a la cita puntualmente con un libro sobre relojes bajo el brazo, estaba dispuesto a llamar su atención, quería que me escuchara, quería ponerme a llorar y despertar su compasión, acurrucarme en su pecho y que me acariciara el pelo mientras veíamos pasar las horas y mi dinero. Lloré tanto que se sentó a mi lado después de ir a por un pañuelo, fue entonces cuando advirtió la presencia del libro y me habló durante un buen rato acerca de la procendencia de todos aquellos artilugios para medir el tiempo. El amor, tanta lluvia, los relojes. Me sentí como un espejo delante de un espejo y sentí vértigo. No he vuelto a amar desde que aprendí lo que es la muerte de un sueño.

Etiquetas:

26.8.08

Cuando todo suceda.

Cuando todo suceda
algunos dirán que sí,
que siempre se puede.
Otros dirán que no,
que ya es tarde.
Otros pasearemos desnudos
al amanecer.
Otros permanecerán sentados
esperando la vuelta
de las aves migratorias.
Cuando todo suceda,
sólo algunos perderán
sus certezas viajeras.

18.8.08

Jazz.

Alguién me dijo ayer que no se podía tener principios y esa verdad cayó sobre mí como el piano más grande de Brunswick, la capital mundial oficiosa de los pianos. Se fueron estos amigos dulces de casa después de la cena y el piano seguía allí inmenso, negro, brillante, arrogante como un toro. Se me turbó el ánimo y reconocí entonces a dónde había que mirar. Mis ojos atenazados por el miedo se dirigían lentamente hacia el techo del salón. Efectivamente habían proliferado allí todos los pianos del planeta. En el baño, en el hueco de la escalera, por todas partes pendían de un hilo de nylon amenazantes pianos de todos los tamaños y colores. Pianos verticales, horizontales, de 88 y de 85 teclas, de cuarto de cola, de gran cola, verticales de espineta...

Etiquetas:

17.8.08

Sexo.

Tu maltrato es estéril. Esa forma de amarme me esta haciendo daño. No voy a aprender a hacerlo así. Cuando me encierras en mi jaula de oro, tienes una imaginación privilegiada, y me muestras mi cara en un espejo, siento que la vida me va a vomitar. Exhalo bilis por todos mis poros. No quiero verme con la boca llena de moscas. Has amputado mis dedos, te has comido mi hígado, no me dejas respirar. Me haces falta, ponte los calcetines de hacerme salir. No te hagas de rogar, todavía soy un niño, aunque tenga perversiones adultas. Esta noche he vuelto a hacerlo, no hay ejército más poderoso que el cuerpo de una mujer excitada, pero ya se sabe que la guerra deja muertos. Ni me ofrecí para el café. He buscado tu orgasmo incesantemente hasta las ascuas de un crepúsculo novato y me has bañado de miradas líquidas que me han hecho salir por la ventana sin despedirme. Así no puedo amarte. Así no.

Etiquetas:

Mosca final.

Tiesa en el vidrio y en su engaño, todavía
se aferra a un resto de luz menguante.
Calmada forma final
ya no tiene razón contra el invierno.
Un fracaso a la vista del cielo:
veo la dignidad
de concluir con la tarde, en un gris moribundo
aplastado a lo traslucido. Una pizca
de frío residuo planetario
hacia abajo chupado, a lo indistinto.
En su descenso cumple
una certeza de orden, mientras ignoro
la ley de mi propia disolución.
La muerte
no me reserva esa lógica suave,
su tranquila mecánica
sino un final inexacto, sometido
a un desesperado anhelo personal.

Joaquín O. Gianuzzi.

Etiquetas: , , ,

13.8.08

Calles.

Y
Y se
Y se que
Y se que hay
Y se que hay calles
Y se que hay calles que
Y se que hay calles que te
Y se que hay calles que te llevan
Y se que hay calles que te llevan antes
Y se que hay calles que te llevan antes a
Y se que hay calles que te llevan antes a donde
Y se que hay calles que te llevan antes a donde tú
Y se que hay calles que te llevan antes a donde tú quieres
Y se que hay calles que te llevan antes a donde tú quieres ir.
Pero esas son calles que yo no suelo frecuentar.

Etiquetas:

Pesca con mosca.

Lo intenté todo y con todas mis fuerzas. Salí temprano de casa. Templé mis suelas en el asfalto que tú frecuentabas. Me senté en la arena de espaldas al mar, quería hacer bien mi tarea y sabes que la marea me distrae. Y allí planté mis pies e intenté recoger toda la arena, pero no pude. Se me escapaba entre los dedos , era como pescar ceniza con cebo de mosca, no recogía nada. Era inútil, mis manos no eran capaces y las miraba y les hablaba, pero no me hacían caso. Y mi espalda estaba ya bañada en sal y sabes que me gusta la gente que habla de sí misma, pero no pude esperar y me metí en el mar. Sabes que no soy de verdad y que tengo que irme. Lo sabes, ¿verdad?

Etiquetas: , ,

12.8.08

Frío.

Se sabe que a partir de menos diez grados un ser humano no es capaz de sentir más frío. No podía desterrar ese pensamiento de su cabeza. Ni siquiera era una idea suya, se lo había oído decir a una anciana del pueblo pero aún así, pudiendo ser cierto o no, las consecuencias de que la temperatura fuera más baja y él no se estuviera dando cuenta eran la muerte segura. Seguía andando, arrastrando los pies sobre el camino. Sentía que sus mandíbulas eran de corcho, no hubiera podido moverlas ni para pedir auxilio. La oscuridad también era un martirio, las luces a lo lejos envueltas en un halo lunar. Sonidos que procedían del bosque gélido y el crepitar de los dientes astillándose. En la peor noche de Alaska le acompañaban todos sus santos, el padre jugando al ajedrez y el abuelo encendiendo la chimenea. ¿Quieres hacerlo tu?- le decía con mirada cálida. Le soltó un "cariño" inédito en su lecho de muerte. Ahora iba a reunirse con ellos. Sus piernas se convirtieron en los troncos que alimentaban el fuego. Había metido los brazos junto al cuerpo dejando las mangas vacías y cayó sin poder apoyar las manos, como si llevara una camisa de fuerza. Entonces con la boca pegada al suelo vio salir su último aliento que ascendía humeante hacia la luna, sintió que se le quebraban los ojos y dejó de oír su corazón.

Etiquetas:

10.8.08

Fumando casualidades.

(...)Una rubia sentada en la barra de un bar buscando carne fresca para esta noche que no seré yo, que no seré yo, que no seré yo. Bajé la mirada para echarme un vistazo. Llevaba unos pantalones tejanos roídos por el tiempo y con muchos lavados a sus espaldas. Sin embargo y extrañamente conservaban un color azul vivísimo. Azul petróleo según el dependiente, si te gustan puestos no te los querrás quitar jamás. No me gustaban en absoluto, en realidad solo me los ponía cuando no tenía otra cosa limpia, que solía ser casi siempre pero ir a comprar ropa era algo demasiado complejo para mí y no está dentro de mis aficiones. Así que entendí el desprecio de aquella mujer altiva y por inferencia, el del resto del mundo. De todas maneras tampoco pensaba que cambiando de ropa iban a mejorar las cosas. Y así metafóricamente, poéticamente, como era todo, transportaba aquella bolsa con bocadillos en la noche. Durante esos días volvieron a aparecer una serie de coincidencias como hacía tiempo que no se daban. La primera fue aquella tarde de inusitada felicidad en la que pensé en el doctor Pericay diciéndome aquello de: “todo está en tu interior, lo has hecho tu”. Esa misma tarde antes de ver aquella maravillosa película italiana recogí un curioso Dvd del mostrador de la taquilla del cine. Al llegar a casa me asombré con lo que había en él. Contenía extractos de unas conferencias que había dado un tal Prem Rawat sobre la paz interior. En los días siguientes leí y escuché todo lo que pude sobre el gran maharaji y realmente experimenté una alegría inusitada. Un par de días después le conté a ella que cuando era joven un grupo de cabezas rapadas neonazis me habían agredido en plena calle propinándome toda clase de golpes y patadas hasta que pude zafarme. Pues bien, de nuevo en otra película italiana nada más empezar le sucede lo mismo a uno de los protagonistas de la historia. Cuando ella me dijo:”ah!, como a ti….” yo ya llevaba rato pensando que todos los personajes de la película se parecían a mí. No dije nada porque me parecía demasiado pero de repente mi acompañante se gira y me dice: “¿Te has dado cuenta de que todos son como tú?” Y así podría continuar, como con Ámsterdam, la canción de Travis que empieza diciendo: “jean- michel basquiat…” y luego el visionado de la película sobre la vida del pintor, que además era mi favorito, que acaba con el Haleluya de Jeff Buckley, que también aparece en la película sobre Christopher McCandles cuyo libro estaba leyendo en ese momento. Nunca me ha llevado a ninguna parte darme cuenta de estas cosas aunque siempre que pasa pienso que algo grande está a punto de suceder y me parece delicioso que sea así, aunque realmente luego no suceda nada. Esto tampoco es del todo verdad porque si me pongo a investigar en la memoria, a poco que piense me doy cuenta de que si han pasado muchas cosas. Así con esta cadena, lo siguiente que debía aparecer es la mano de alguien con calcetines visibles, de color morado, alguien que te ofrezca levantarte del suelo y con una sonrisa te invite a jugar con los demás en el patio, como siempre. Y uno que tiene estas certezas, que se cree el sapo de Gianuzzi y asiste al funeral de todos sus coetáneos no puede fracasar. Debía seguir esperando tal vez porque la luz que huye es más hermosa cuando el pájaro la sobrevuela, o tal vez porque la vida es corta y el arte es un juguete(...)

21.6.07

Realidad fantástica.

...Dos células cualquiera, apretándose, dándose toda esa energía hecha sudor. Así actuaban nuestras células. Tan inadvertidas, formando nuevos mundos, mares, de corrientes de siglos inversos, de objetivos conversos. Mirar a ciegas, pensar, mentir. Le había mentido tanto a ella. Conocía tanto y tan poco mi. Un puñado de muchas cosas llovidas antes que ella. Una vuelta a empezar corrosiva. Tantas noches lloradas. Tantas esquizofrenias despreciadas. Tantos engaños para llamar la atención. Tantos parecidos aplazados que a partir de ese momento iban a empezar a llamar a la puerta. A las puertas. La puerta del padre, la puerta de la madre, la puerta de todos los muertos. Santos todos. Aquella ciudad isleña, que tan bien me hacía. Me recibía todos los días con aquel cielo azul de recién llegado. Cada mañana si el pan con o sin matalauva y yo que no entiendo la pregunta. Cada día sentirse como si acabara de bajarme, como si pudiera seguir aplazando la niñez que me robaron. Que se llevaron aquella noche negra tantas veces no soñada, pero constante en su ausencia, en su persistente ánimo de destrucción. No existe ni existirá consuelo para ese niño que no lloró. Que fue tan valiente que supo esperar a que todo se le viniera encima a plazos. Y pagar, bien caro, el desmontaje de aquella casa. Ahora con el odio por bandera, con lo poco que aún sólo yo se de mi. En los días sucesivos me pusieron en tratamiento, el del viaje a ninguna parte, el de olvidarlo todo sólo por no estar. La esperanza en la expectativa y luego llegar y que no ocurra nada y volver a salir disparado hacia otro sitio, menos distante, igual de lejano, para mirar por las ventanillas, como todos los demás. Los que tienen certezas viajeras. Los que creen que tienen algo que hacer allí dónde van. Solo puedo agarrarme a esas ideas mientras esté en el viaje. Luego todos se bajan, se dispersan, se desvanece la conciencia ajena y sus historias distintas y la mía me deja solo. Agarro las maletas lo antes posible y salir corriendo a cubierto, a sentarme en otro banquito por poco tiempo a esperar otro viaje sin viento. Y así pasa los días el ezquizofrénico práctico, muy técnico en la ejecución.
Tocaba ir a comer, allí no habían despertadores, ni entraba luz por las ventanas, ni nadie que te avisara que hacía más de 6 horas que se había hecho de día. Te encontrabas a alguien en el pasillo, al principio una sobra redondeada, con un aura visible. A medida que te ibas acercando se iban enfocando el pelo, las gafas, la bata blanca y los zuecos blancos con suela de madera y un sinfín de agujeritos negros traspirantes. Me indicó más o menos donde estaba el comedor y allí me senté. Pronto o un poco después alguien me sirvió en una bandeja de acero inoxidable una lasaña verde también en bandeja inoxidable y vaso de plástico vacío para ir a la fuente. No existía el cristal. Cómo se echan de menos algunas cosas cuando te las quitan de golpe. La libertad por ejemplo. Luego echar de menos el cautiverio, porque esa es nuestra naturaleza. Era cómodo dejarse fluir en aquellas circunstancias. Salían las lágrimas sin ningún problema, tenia que esconderlas en el lavabo, aunque entrara algún tipo con marcas en la cabeza a pronunciar un discurso desagradable con la lengua pastosa, como si hubiera aprendido a hablar después de quedarse mudo. Creo que se refería a mi pelo. Todo daba vueltas, aquel espejo dejaba ver mi pose más bella en el momento en que no podía retener las lágrimas por más que lo intentaba, caían solas. En ese tipo de instalaciones el agua sale a gran presión por el grifo. La tocaba solo por constatar y contrastar realidades. Una, la de estar allí adentro, dos, la que se veía por fuera, más allá de las rejas. Paseaban mujeres a la hora de hacer la compra, con sus carritos llenos de frutas y verduras ajenas a la planta invernadero. Una noche en el paraíso, quiero volver ahi, todo estaba tan justificado. Daba tanto sentido a mi vida.
Me recuerdo sentado ahí mismo, en el suelo, apoyado en esa pared, ahora ya no podría hacerlo porque hay un radiador. En los cementerios también pasa eso, unos muertos velan a otros como si no fueran el mismo. No me creo que todos formemos parte de un todo. Todos los mares el mar, pero no todos los hombres el hombre, ni se si mi padre fue o no diplomático y explicarles a ustedes esto es casi una tarea humanitaria. Un sentimiento ambiental en un cubo de realidad fantástico cuyo manual de instrucciones se trascribe a continuación:

"Felicidades! Acaba usted de adquirir un Cubo de Realidad Fantástico, deseamos que disfrute de él y le agradecemos la confianza que ha depositado en nosotros. Este producto ha sido diseñado y fabricado bajo los más estrictos controles de calidad y su funcionamiento ha sido probado en las condiciones más adversas sin que se haya visto alterado su rendimiento. Posee una tecnología única en el mundo y le garantizamos que le proporcionará grandes momentos de placer mientras dure su imaginación*. (*Imaginación no incluida)
Se suministra un cubo de cristal imperfecto, no hay dos iguales, con unos dos centímetros de grosor. Sirve para abstraer realidades, se puede utilizar en cualquier momento y lugar solo es necesario levantar el cubo y con él una sección de la realidad que se esta viviendo, pero tiene unas reglas: Todo aquello que quiera observarse debe ser real y pertenecer a un espacio y un tiempo concretos, de alguna manera va usted a detener el tiempo y modificar algunas de las características ambientales del momento, pero no puede manipularlas todas. Las personas que intervengan en la escena no pueden ser borradas o cambiadas, eso si, como la extracción es a voluntad puede dejarse fuera del cubo a quien no nos convenga en el experimento. Lo que pasa, lo que se dice, lo que se piensa debe también permanecer inalterado. Únicamente se pueden modificar las condiciones ambientales, aunque con ingenio e inteligencia esto puede ser muy poderoso. También se puede crear un sentimiento ambiental, un concepto emocional que dependerá en gran medida de la profundidad del registro sentimental del operante. Por ejemplo es fácil pensar en un sentimiento ambiental de melancolía, pero introducir otro tipo de nociones como amor, no resultará tarea fácil. Se puede contar para ello con la transformación de la ambientalidad prosaica: viento, lluvia, sol, nubes, árboles que se caen, gatos que corren a cubierto, etc. Recuerde: las personas, el suelo que se pisa y la localización del lugar son reales, no podrá modificarlas. Y hay otra regla,la más importante, es solo para locos, no todos pueden verlo ni jugar con él."

Andaba yo tan divertido con mi Cubo que apenas podía caminar por la calle sin hacer continuas abstracciones, me tomaba todo el tiempo e incluso hablaba con aquel artilugio de cristal, lo sacaba en todas partes, en el autobús, en el metro, incluso lo hacia funcionar detenido en los semáforos. A veces me cruzaba con algún conductor que sí podía verlo y entonces éste se quedaba detenido, embobado mirando como el cubo le hacía guiños de realidad fantástica...

14.12.06

Lo que nos queda.

Nos queda sentarnos en un banquito al sol.
Y mirar, mirar al empedrado.
Y escuchar, como les salen los dientes,
a los demás.
Y fumar, exhalar el humo
por los agujeritos que tenemos.
Nos queda dejarnos crecer la barba recia
y el pelo huidizo.

Y no nos queda mucho más que callar,
cerrar la boca temerosa,
analizar los gestos postreros,
recordar la vida como será.
Nos quedan los poemas
y nada más.

30.11.06

Circus comes to town.

Esta mañana iba de camino al juzgado a buscar la autopsia de mi padre, siempre que me encuentro mal tengo la sensación de pesar muy poco, de andar como una marioneta y pienso en si la gente se dará cuenta de mi ligereza. Esto me llevó a pensar en las manos de alguien, que no han cambiado nada y en una canción de Amaral, "días de verano". Ultimamente pienso unas cosas extrañísimas y asocio ideas sin parar. De vuelta a casa con esa idea del poco peso empecé a leer el informe de la autopsia y me pareció una gran ironia del destino que en las descripciones de los organos de mi papá estas incluyeran el peso. "Pulmón derecho: 520 grs.", "riñon izquierdo: 1280 grs." A veces parece que todo es un gran circo y soy el lead clown.

2.11.06

Noviembre.

Fíjate mamá es Dios.
Ha abierto la cortina de oeste a este
y ha cambiado el rumbo del amanecer,
¿qué pasaria si el mundo girara al revés?
Seriamos todos zurdos, Joan,
los ríos irian del mar a la montaña.

Ani Difranco - Angry Anymore
growing up it was just me and my mom
against the world
and all my sympathies were with her
when i was a little girl
but now i've seen both my parents
play out the hands they were dealt
and as each year goes by
i know more about how my father must have felt
i just want you to understand
that i know what all the fighting was for
and i just want you to understand
that i'm not angry anymore
i'm not angry anymore
she taught me how to wage a cold war
with quiet charm
but i just want to walk
through my life unarmed
to accept and just get by
like my father learned to do
but without all the acceptance and getting by
that got my father through
night falls like people into love
we generate our own light
to compensate
for the lack of light from above
every time we fight
a cold wind blows our way
but we learn like the trees
how to bend
how to sway and say
i, i think i understand
what all this fighting is for
and baby, i just want you to understand
that i'm not angry anymore
no, i'm not angry anymore.

No sirves para nada
Cuando yo era pequeño estaba siempre triste y mi padre decía mirándome y moviendo la cabeza: hijo mío no sirves para nada.Después me fui a la escuela con pan y con adioses pero me acompañaba la tristeza. El maestro graznó: pequeño niño no sirves para nada.Vino luego la guerra la muerte –yo la vi–y cuando hubo pasado y todos la olvidaron yo triste seguí oyendo no sirves para nada.Y cuando me pusieron los pantalones largos la tristeza en seguida mudó de pantalones. Mis amigos dijeron:no sirves para nada.De tristeza en tristeza caí por los peldaños de la vida. Y un día la muchacha que amo me dijo –y era alegre–no sirves para nada.Ahora vivo con ella voy limpio y bien peinado.Tenemos una niña a la que siempre digo–también con alegría–, hija mía no sirves para nada. José Agustín Goytisolo

20.10.06

Vuelta a la enfermedad.

Fue un verano horrible, siento el aliento de la enfermedad en el cogote. Tuve que dejar mi trabajo porque no soportaba las presiones y porque tenia muchos conflictos éticos respecto a lo que estaba haciendo. Aguanté allí todo lo que pude porque he dejado todos los trabajos en los que he estado pero no pude más. Mi compañero me dijo: "vas a dejar que puedan contigo?" y respondi que si, que ya habian podido, cogí la baja por depresión y no aparecí más por la empresa. Después lo de siempre, otro bureufax de esos que te dicen " la empresa ha decidido no contar más con sus serivicios, su contrato expirará el día tal, haga el favor de devolver el vehículo, el movil y la documentacion que obra en su poder". Poco después falleció mi padre, de golpe, fue durísimo. Recuerdo que esa noche mientras él se moría a 40 kilometros no pude dormir y a la mañana siguiente cuando recibí la llamada de mi hermano diciendome que estaba en el hospital yo ya sabia lo que había pasado. Un infarto fulminante. Lo peor de todo es que se que él me hubiera dicho tantas cosas si hubiera sabido que iba a morir y nunca las sabré. Ahora ya soy el malo, el heredero de toda la inquina de la familia, antes no le podian ver a él, ahora no me pueden ver a mi. A mi abuelo le pasó lo mismo. Es increible como se perpetúan los roles, pensé que eso no iba a pasar conmigo, pero me doy cuenta de que soy mi padre, soy mi abuelo. Repetimos las conductas de nuestros progenitores aún más cuando queremos alejarnos de ellas. Estoy orgulloso de él entonces, parece que ahora lo entiendo ya todo. Le echo tanto de menos....
Y de nuevo la soledad y la enfermedad y las ganas de morirme y así seguiré hasta que suceda algún milagro porque como diria Freud en su Más allá del principio del placer, "El que sabe esperar no tiene necesidad de hacer concesiones."

17.10.06

Días de vino y rosas.

Alguien hoy se sentía fuerte como para despreciarme después de haberse apoyado en mi hombro. Otrora le hubiera mandado a la mierda pero hoy no me apetece, le he dejado que se explique y que me suelte todo eso que cree que lleva dentro. Ha creido que así se arreglaba pero yo no dejo pasar esas cosas, poco a poco iré cobrandome esa factura hasta que se agote el saldo de nuestra relación. Sin un let it be de más.

26.6.77

Morir otra vez.

Lo siento, he fracasado, sólo deseo morir otra vez.

Rotten in Denmark.

Llegué a Shakespeare igual que salí de él, gracias a la desgana y a la casualidad y a las idas y venidas de mi enfermedad, que siempre lo marcó todo. Fue un milagro nada esperado, como Goytisolo y León Felipe. De todas maneras ese fulgor duró a penas un tiempo corto, seis meses, quizás algo más, como el universo sin sentido que da vueltas en un tiempo inapreciable sin tener nada claro a dónde va. Recuerdo que no podía respirar, era un esqueleto marginado en una clase nocturna para marginados. Una escuela de adultos para niños. Repetía aquel camino cientos de veces al día, era un camino de tierra de esos tan largos que te llevan a una mansión rodeada de bosques y estanques con peces y nenúfares, con grandes ventanales y balcones y chimeneas. A la puerta un gran coche negro esperando y un hombre con traje oscuro pasándole un trapo para mantenerlo siempre brillante. Sólo que al final de este camino no había mansión, ni castillo, ni la tranquilidad esperada. Había un árbol solitario, negra noche, rejas y un puñado de desheredados. En ese entorno, un profesor joven, también ligado a esas penosas circunstancias y con ese aire romántico del que sabe que lo que hace no sirve para nada. Como alguien que desprende fragancia de jazmín en un estercolero y sabe que su olor se pierde nada más salir de su cuerpo. Por eso era tan bello. Por eso escuchaba todo lo que decía, y él me correspondía con miradas llenas de complicidad melancólica, sin acercarse mucho, porque el que esta instalado en la derrota ni quiere ni podrá salir nunca de ella. La derrota, la pérdida, es el sentido de la vida. Así lo entendíamos los dos. En ese acuerdo hablábamos de Hamlet y siempre pensábamos lo mismo. Me correspondía con notables a pesar de que me merecía sobresalientes y así eramos felices los dos. Yo hubiera sido mas feliz con un aprobado y a veces lo intentaba pero su orgullo de maestro y mis ganas de seguir donde estaba se equilibraban de esta manera tan sutil y tácita. "Brillante a lumine motus" "Efectivamente es una oda a la bombilla" "A mi también me encantan los relojes de sol"
Contador Gratis
ecoestadistica.com